23 / 04 / 2017

Archivo Loja, Ecuador

Nadie puede negar que transitemos confusos en una crisis política e ideológica que no se asume. Es una crisis pendular que reaparece cada cierto tiempo, más bien, cuando el liderazgo del gobierno de turno se desvanece y en su desesperación pasa a la persecución de la oposición social y política.


La obsesión del correismo por disolver a la UNE es la continuación de un curso creciente de insultos, amenazas, persecuciones, destituciones y encarcelamientos, que configuran el odio visceral del régimen y alimentado de una campaña sistemática de difamación contra el movimiento sindical y hacia las organizaciones que se resisten al pensamiento oficial.


En la actualidad la elite gobiernista ha apelado a la frase “prohibido olvidar” requiriendo en especial de la juventud un falso patriotismo que en la práctica resulta peligroso, porque se invoca el individualismo, el pluriculturalismo e incluso la globalización, pretendiendo hacer creer que las desigualdades escandalosas, la discriminación social, la disminución de los derechos humanos y las injusticias desaparecerán con el amor a la patria.


Los que nos manifestamos en su momento para forjar la unidad contra la dictadura militar de la década del setenta, no podemos reivindicar nada, quizá solo nostalgia, porque a cuarenta años no hemos conseguido evitar que la corrupción y el oportunismo nos devuelva ese sueño de una patria libre y soberana.


El Ecuador ya vive un proceso de campaña electoral hacia Carondelet y la Asamblea Nacional. Proceso que en estos tiempos se alimenta de encuestas incluso supuestas, las mismas que informan del grado de aceptación o de favoritismo según quien las pague, algunos empezaron muy pronto y otros aunque suenan como presidenciables dicen que esperan a las primarias, las que en la práctica no existen.


A casi diez años de la revolución ciudadana y en medio de una adelantada campaña electoral, en la mayoría de partidos y movimientos políticos, pero más en el movimiento de las mentes lúcidas, los dirigentes no pueden esconder su estado anímico, aunque sigan alimentándose de glorias pasadas o de consignas populistas.


Como se sabe, el éxito de un sistema político y de un gobierno, depende en gran medida de la calidad de vida que disfrutan los ciudadanos.


Los perros vagabundos son un inconveniente en todo el mundo, en especial en las medianas y grandes ciudades.


En la coyuntura actual el descontento popular crece pero no llega a ser capitalizado por las fueras de centro izquierda, posiblemente lo intentan.


En América Latina el movimiento pendular político ha sido corto e inclinado más a la derecha burguesa que a la centro izquierda.


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