24 / 04 / 2017

Archivo Loja, Ecuador

Hasta pronto maestro Horacio Guarany

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Todo el mundo lo conoció como Horacio Guarany, aunque su verdadero nombre fue Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo. Nació en Las Garzas, Provincia de Santa Fe, el 15 de mayo de 1925 y murió en Luján, Provincia de Buenos Aires, el 13 de enero de 2017.


Fue cantor, compositor y escritor argentino, ganador del Premio Konex de Platino en 1985 como el más importante cantante masculino de folklore de la historia en Argentina.
Guarany tenía 91 años, y había construido una importante carrera artística, siendo uno de los grandes referentes del folclore argentino. Grabó 57 discos solistas lanzados a lo largo de una prolífica trayectoria que se inició en 1957, con un disco homónimo.
Sucede que el folclore puede empezar a definirse a través de los clásicos de Guarany, como “Si se calla el cantor” -su canción emblemática-, “Guitarra de medianoche”, “Milonga para mi perro” y “Regalito”, entre muchas más. También incursionó en el cine, con “Argentinísima”, de 1972, “Si se calla el cantor”, un año más tarde, y “La vuelta de Martín Fierro”, en 1974. Casi cuatro décadas más tarde volvió a la pantalla grande con “El grito en la sangre”, basado en una novela suya, “Sapucay”.
Hombre de una potente voz sobre el escenario, Guarany solía acercar declaraciones muy particulares en cada uno de sus reportajes. “Me provoca mucha vergüenza -dijo, sobre una distinción que le habían propuesto-. El único homenaje que vale es el que me hace el pueblo, llenando plazas, clubes, teatros, durante más de 60 años. Rechazo los homenajes”.
En la última entrevista que mantuvo con LA NACIÓN en la que hablaba de su participación en “El grito en la sangre”, film argentino que se estrenó en 2014. Guarany le contaba a este medio, entre otras cosas, cuál era el balance que hacía de su vida hasta ese momento y aseguraba que las tristezas de la niñez lo hicieron fuerte.
“Toda mi vida en general, no sólo la artística, ha sido una gran felicidad para mí. Vivir es una gran felicidad. Alguien me enseñó alguna vez que lo importante es saber vivir. No hace falta tener títulos, dinero o fama. Mejor es saber vivir en el sentido más profundo del término. Los chicos aprenden matemática e historia, pero nadie les está enseñando qué es la vida. Antes que nada, uno debe saber para qué vive, insisto”. (O).


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