Aprendiendo a ser viejo

Sandra Beatriz Ludeña

Hay un hombre interesado en aprender a ser viejo.  Yo lo he admirado tantísimo.  Él  se prepara para la vejentud, pues, en el tema “juventud” no hubo consciencia.  En el propósito ha leído a André Maurois y su obra El arte de vivir: “Cosa extraña es esta de envejecer, tan extraña que a veces nos cuesta trabajo creer que la vejez pueda alcanzarnos como a los demás”.

El hombre del que les hablo, se reconoce como el agua del río que corre, siempre nueva, siempre viva.  Sabe que en su fluir va por lugares, a los que quizá no vuelva.  Más, en ese trecho comprende el sentido de paz. 

Aunque, es el humano que viste y calza sabe que en el instante no es el mismo.  Una cierta edad le ha cambiado la vigorosidad por resolución precisa.  Es experiencia refinada en pensamiento y sabiduría.  Comprimir sesenta o setenta años madura sus frutos.  Asumir  el cambio de envejecer, es valentía.   

Este hombre con ese raro interés de aprendizaje sobre vejez, ha leído las ideas de Conrad, y coincide que nos aproximamos a un límite de sombra, a partir de los cuarenta años y que Maurois cree que es en los aledaños de la cincuentena, cuando se atraviesa ese límite hay estremecimiento, pues, las regiones encantadas de la juventud quedan atrás.

Más, su lucidez nos ilumina un camino muy transitado, pero sombrío y poco pensado, expresa que Víctor Hugo, el famoso dramaturgo describe la sabiduría así: “Si se ve fuego en los ojos de los jóvenes, en el ojo del anciano se ve luz”

Ciertamente, él desde siempre fue inmensa luz.  Ahora traigo lo que se habla de tan noble personaje: Su hermano menor, Miguel dice: “José es una fuente de sabiduría, tiene escritas más de trescientas obras en la rama del Derecho y sigue investigando, sigue dando luz a sus lectores”

Al visitar un lugar que frecuenta y hablar con la secretaria, ella se emociona exclamando: “El doctor José Carlos García Falconí es una verdadera joya, usted sabe lo que significa una joya, nunca pierde su valor”.  Los magistrados de Corte Nacional y Corte Constitucional expresan: “José García son palabras mayores”

Los excompañeros en la Fiscalía General del Estado, coinciden en que es sabio.  Es admirado, respetado, querido.  Él no solo aprendió a vivir, sino a ser adulto menor o mayor con justicia.  Es referente del bien.  

Tras el rastro de esta gran persona, un comentario suyo sobre adultos mayores me estremece y como siempre, su voz me enseña el camino: “En la historia del ser humano, hay pueblos que tratan mal a las personas de edad avanzada, pero también hay pueblos que tienen una actitud positiva, como en Inglaterra en la que se respeta la longevidad que tiene categoría de virtud”.  Concluyo: “aprender a ser viejo” es ser grande y culto.  La trascendencia no es para cualquiera.