El verdadero

Fernando Oñate-Villavicencio

La mayoría de las personas creen en Dios; sin embargo, prefieren regir su vida en base a su conciencia y se comportan como si Dios en realidad no existiera. Para muchos las creencias religiosas son un tema general, que cambian según las opiniones personales, aceptándose ciertos principios y rechazando aquellos que no son convenientes a sus intereses. El nivel de fe y convicción de las personas es muy bajo y a menudo obedece a simples tradiciones y costumbres. Nuestro mundo se ha vuelto materialista. Una serie de corrientes de pensamiento que, escudándose en el conocimiento científico, ideas filosóficas, y hasta en convicciones políticas, han llevado a que el Dios verdadero sea casi un desconocido para la gente de hoy.

En este mundo materialista el corazón de las personas puede ir tras distintos ídolos, entendiéndose como tales no solo a las imágenes sino a todo aquello que se pone en primer lugar. Para algunos el centro de su vida es el dinero y el deseo de obtenerlo rompe todo límite ético y moral; para otros, el exceso de trabajo, la pareja, los hijos, el egocentrismo y un largo etcétera, se convierten en su dios personal, un ídolo que acarrea desgracia. La idolatría de nuestra sociedad materialista deja a su paso vidas vacías, lleva a la descomposición moral que nos rodea, provoca que la vida humana pierda su valor y se propongan leyes que atentan contra los más elementales derechos y principios. Con mucha razón e innegable amor el apóstol Juan nos advertía: “Hijitos, guardaos de los ídolos”. Si aspiramos a días mejores, debemos seguir al Verdadero.

La pregunta es ¿Cuál es el Dios verdadero? El apóstol Juan tenía muy clara la respuesta. En su primera epístola manifiesta que “el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna”. Jesucristo habitó entre nosotros y nos reconcilió con el Padre, nos hizo coherederos de su reino y nos dio el entendimiento para reconocerlo como lo que es: Jesucristo es el verdadero Dios y en Él tenemos la vida eterna. Jesucristo es el mesías anunciado desde los albores del tiempo. Es el camino, la verdad y la vida. No existe otro camino hacia el Padre, solo Él.

El Dios verdadero es un Creador poderoso, un Diseñador inteligente y brillante que sustenta su creación y las leyes que la rigen. Es un Dios lleno de amor y gracia; pero también es un Dios de justicia que nos premia conforme a nuestras obras, que permite que cosechemos lo que sembramos. Es un Dios misericordioso que nos perdona cuando comprendemos lo que es pecado ante sus ojos y nos arrepentimos; cuando cambiamos nuestro modo de vida y vivimos por cada una de sus palabras.

El verdadero y único Dios es Jesucristo. Lo invito a conocerlo.