Las nuevas venas abiertas de América Latina– III parte

Augusto Costa Zabaleta

El oro en nuestros aborígenes solo tenía un valor estético y espiritual, aún en la época de los baraqueros, cuando tenía el valor de 1500 dólares la onza.

Grandes consorcios, compañías y transnacionales extractivitas saqueaban el oro de Latino América sin piedad y asociadas a la oligarquía del petróleo multinacional; la vacuna era el sistema de cobrar a los baraqueros artesanales un impuesto en absoluto revolucionario exigido desde hace años por los paramilitares y algunos grupúsculos de la guerrilla más intransigente.

El bloqueo de dinero y la exportación del oro ilegal a Estados Unidos, la extorsión y la violencia, la esclavización de los baraqueros y la mafia, constituían el componente de la desgracia y el asesinato múltiple.

El filósofo colombiano Oscar Guardiola Rivera escribió: “los adornos de los príncipes, los discos dorados para la curación que los chamanes contemplaban durante horas, los pendientes y pectorales deslumbrantes, el excremento del sol (el oro) y las lágrimas de la luna (la plata) fueron derretidos convertidos en lingotes, enviados a Sevilla, Amberes, Génova, Venecia y Londres, donde servirán de aval para financiar nuevas expediciones al Nuevo Mundo“.
Oscar Guardiola explica la lógica de la extracción masiva de oro y plata del Nuevo Mundo: “Facilitó la creación de la primera moneda de cambio global, que permitió, a su vez, las primeras relaciones planetarias de comercio e innovación”, recilados desde España hasta los grandes centros financieros en Londres y Ámsterdam, el oro y la plata sentaron la base para los primeros mercados de títulos financieros y deuda de la historia, “El oro actuó como un traductor que homologaba dos mundos”, es decir, que sin El Dorado no habría llegado tan rápidamente al planeta tierra, el nuevo sistema del Capitalismo que pronto empezara a destruir todo lo que encontraba en su camino.

El joven Galeano, autor de “Las venas abiertas de América Latina”, lo resumió con su pluma irónica y barroca: Una sola bolsa de pimienta valía en el medio evo, más que la vida de un hombre, pero el oro y la plata eran las llaves que el Renacimiento empleaba para abrir las puertas del Paraíso en el cielo y las puertas del mercantilismo capitalista en la tierra.

Quibian, el líder de los indígenas ngobes, luego de ser arrojado al río Belén, por los hombres de Colón y dado por muerto, movilizo las diversas comunidades de la región para expulsar a los españoles, fue la primera rebelión indígena contra los buscadores de oro, y el precedente de cinco siglos de guerra contra los insaciables extractivistas europeos.