La era del desaliento

El título de este comentario suena aterrador, pero refleja en gran medida la época que estamos viviendo a nivel planetario. Época de grave crisis en todo sentido, el hombre cada vez más se convierte en lobo de sus semejantes a tal extremo que ha perfeccionado sus técnicas de exterminio masivo e individual representadas en guerras de matanzas colectivas y en sicariatos de asesinatos más personales, intentando arreglar diferencias de países o de tipo particular con el lenguaje de la dañina violencia que tanta vida ha segado a lo largo de todos los tiempos.

La era del desaliento, nos acosa de forma continua y persistente pretende acabar con ese poquito de esperanza que todavía nos queda. A diario la desazón acecha nuestros sentidos, irrumpe de manera brusca en nuestra cotidianidad, cuando escuchamos que jóvenes se auto eliminan pensando que ya todo se ha perdido, cuando somos impotentes testigos de la inmisericorde depredación de la naturaleza a favor de intereses económicos de las pocas grandes potencias mundiales, que se valen de los recursos de las naciones pequeñas, que se quedan con la porción más chica del pastel casi invariablemente.

El desaliento nos deja impávidos al ver como por una mala práctica médica mueren niños inocentes sin haber despertado bien a la vida, la tristeza se adueña de nuestro derredor cuando vemos que las personas que creíamos dignas de confianza nos defraudan de forma escandalosa y se quedan tan tranquilos como si nada. La amargura nos invade cuando vemos a infantes trabajando en las calles practicando o jugando a ser adultos.

El desencanto nos coquetea cuando somos víctimas de una delincuencia creciente cada día sin que tenga visos de detenerse, mientras los políticos malgastan su tiempo discutiendo cosas inútiles que no benefician en nada a la sociedad que los eligió, para interpretar y dar solución a sus necesidades más urgentes. La ansiedad la sentimos al ver como el seguro social no cumple el cometido para el que fue creado brindar atención rápida y eficiente a sus afiliados, y en la realidad ocurre todo lo contrario, pacientes que tienen que someterse a una interminable espera de atención a sus dolencias, una espera que a veces desemboca en muerte, la constante desesperación de la juventud al culminar su secundaria de encontrarse en un horrible laberinto de incertidumbre al no saber que camino tomar para su futuro. Siendo fáciles victimas de las tentaciones del mundo actual tales como droga, alcohol, sexo prematuro entre otras, sentimos una enorme preocupación por la falta de interés de la juventud por cosas que atañen a su identidad dando más cabida a lo foráneo, también es alarmante la dependencia de un sector juvenil de las redes sociales que secuestran su tiempo y espacio esclavizándolos y convirtiéndolos en seres sedentarios y poco creativos. La impunidad de los ladrones de cuello blanco es inaudita, se ríen de las sentencias dictadas en su contra y se van del país tan campantes. Y para colmo nos cae como sacada de una película de terror, esta pandemia que nos mantiene intranquilos, tratando de adaptarnos a esta atemorizante nueva normalidad que suma luto y dolor cada día. Esta ha sido una breve revisión de esta etapa tan conflictiva que atraviesa la humanidad, si alguna vez lograremos salir de la era del desaliento solo Dios lo sabe, pero ya es tiempo de poner algo de nuestra parte.