Los talentos

Juan Luna

Cercanos a un nuevo final del calendario eclesiástico, quiero referirme a esta hermosa parábola de los talentos. Jesús, estimados lectores, para sus enseñanzas utilizó el lenguaje de las parábolas. María Moliner, la define como “Narración simbólica de la que se desprende una enseñanza moral”, definición un poco incompleta y que puede parecerse mucho a la definición de fábula, por tanto, al revisar la parábola de los talentos, que propone el evangelista Mateo (25,14-30), encontramos algunas características identitarias del método de Jesús: las parábolas son un relato en las que intervienen siempre, sin excepción, personajes humanos, el relato simbólico (trama) es tomado de la experiencia, es verosímil, utiliza recursos literarios como la hipérbole y al final el oyente tiene que asumir su propia posición, ningún oyente puede quedarse en forma neutral, si lo hace, la misma parábola le aplica una.

La parábola de Mateo nos cuenta que un hombre muy rico se iba de viaje y llamó a tres empleados. Al primero le dio cinco monedas de plata, al segundo dos y el tercero una, luego se marchó y un tiempo imprevisto regresó a tomar cuentas. Los dos primeros cumplieron, negociaron con los talentos y ganaron otro tanto. Y el señor les premia con responsabilidades mayores. El tercero desconfiado y perezoso, por miedo a su patrón “cavó un hoyo, escondió allí el talento y lo dejó improductivo”, este tercer empleado es condenado simplemente por no haber hecho nada. No conoce lo que es una fidelidad activa y creativa.

Dios, representado en la figura del hombre rico entrega a cada uno de nosotros un capital, conforme a nuestra fuerzas y capacidades: dinero, tiempo, sonrisas, amor, vida, familia, las cualidades personales, nos confía el mundo y el cuidar a los demás para que nos realicemos como humanos, como hijos y como hermanos, entonces, el primer talento a cultivar es el servicio de los demás y como administradores nos quiere activos, responsables, creativos, eficientes. Luego, a su regreso nos toma cuentas, ¿cuánto hemos producido con nuestros talentos?

Si seguimos el ejemplo de los dos primeros empleados, produciremos el ciento por uno en una sociedad que progresa, que se transforma aceleradamente por la presencia de las tecnologías y cuya forma de vivir laxa y relativa sucumbe en la indiferencia, en el deseo de figurar, en la envidia, en el espíritu revanchista, en la falta de principios y valores humanos y cristianos. Si asumimos el miedo, como el tercer empleado nos volvemos inactivos, sólo pensamos en conservar, mantener y disfrutar de los privilegios y del “statu quo”. No buscamos con coraje y confianza caminos nuevos para acoger, vivir, y profetizar.

No debemos tener miedo a complicarnos la vida e ir más allá de lo enseñado y mandado siempre. Es la hora de arriesgar pro ser fieles a Dios, al prójimo en la vocación que cada uno ha asumido, para hacernos merecedores de la promesa de Jesús “… como has sido fiel en lo poco; pasa al banquete de tu señor”.