Sistema carcelario o de rehabilitación social

Con motivo del execrable asesinato masivo que se produjo en la cárcel de Guayaquil cuyo saldo de fallecidos fue de 118 y decenas de heridos algunos de gravedad, según se cree por disputas entre bandas de reclusos al estilo mexicano vinculados con la narco economía global y la delincuencia que aflora en las principales ciudades de nuestro país como el sicariato, “protección” como en la época de Al Capone en EE.UU., extorsión jurídica y política, trata de personas, atracos en domicilios y en la vía pública y accidentes de tránsito; para sancionar todo esto y mucho más el sistema de control social por parte del Estado es el carcelario ya que no existe una política definida y bien estudiada para saber si a futuro se piensa únicamente en un sistema carcelario o en el de rehabilitación social; de enrumbarse por el de rehabilitación social que presupone desde remodelaciones y ampliaciones de los edificios donde actualmente funcionan y la dotación de profesionales en el ramo de educación, psicología y otros para posteriormente ubicar a los reos de acuerdo a su vocación y habilidades así como los espacios respectivos para que puedan realizar sus tareas, sobre lo cual nada se dice sino únicamente como frenar la delincuencia entre bandas.

Hace dos meses el actual Gobierno había designado al Oficial de Policía Retirado, Coronel Fausto Cobo titular del SNAI, quien posiblemente por presentir lo que se iba a suscitar como en la novela corta de García Márquez, Crónica de una Muerte Anunciada, que fue la masacre de la cárcel de Guayaquil, pasó a ser director del Centro de Inteligencia y fue sustituido por quien se desempeñaba en el cargo de Director de la Cárcel de Latacunga, a quien le dieron una desconcertante y feroz bienvenida en la Penitenciaria del Litoral, delicada situación que obliga al Estado a implementar simplemente un moderno sistema carcelario o haga realidad la rehabilitación social garantizando la vida y los derechos humanos que les asisten a los reos, caso contrario retornaríamos a los métodos carcelarios de la antigüedad que aún subsisten en algunos países de Asia y África, esto es, restituir las mazmorras y encadenamientos de acuerdo a la peligrosidad que amenazaba a los gobernantes, como en el pasado que existió en la isla Isabela de Galápagos una cárcel, donde conocimos por varios relatos y la novela Polvo y Ceniza, autor, Eliécer Cárdenas en la que nuestro conterráneo el famoso bandolero Naún Briones pagaba su pena pero logró fugarse; centro carcelario que desapareció en la Segunda Guerra Mundial porque fue ocupada la isla por EE.UU. de Norteamérica; debemos resaltar que algunos de nuestros gobiernos se preocuparon de construir cárceles, García Moreno en Quito el Penal de su nombre; Velazco Ibarra la Penitenciaria del Litoral y los últimos del gobierno de Rafael Correa, la de Turi en Cuenca y la de Latacunga; pero en ninguno de estos se trató de Centros de Rehabilitación Social.

Frente a la presión de los organismos públicos y privados del país y del exterior para que las cárceles pasen a ser Centros de Rehabilitación Social, el Gobierno Nacional y las ONG nacionales e internacionales deberían trazarse un cronograma para llegar a ese objetivo con el aporte de todos; dura es la tarea que debe enfrentar el actual Gobierno que se complica con los embates que también provoca el cambio climático a nivel global que afectará también nuestra anhelada reactivación económica.