El baúl de los recuerdos: EL EDÉN DE LA PROVINCIA DE LOJA

Efraín Borrero E.

Mi entrañable amigo, Gabriel García Torres, me invitó a visitar el cantón Espíndola, tierra de sus ancestros. Advertí que el viaje sería muy placentero y enriquecedor porque además de ser un profesional con excelente formación académica, inteligente y un cúmulo de cualidades, conoce palmo a palmo ese terruño y sabe su historia como el Padre Nuestro.

Cerca de Quilanga paramos en un mirador adecentado por esa Municipalidad, desde donde es posible maravillarse con el esplendor de los diferentes tonos de verde que a la distancia muestran los valles enmarcados en la cuenca del Rio Espíndola y en la microcuenca del Río Pindo del cantón Espíndola.

Ya en tierra espíndoleña disfruté de ese hermoso y generoso jardín de mágicos paisajes naturales y de un clima primaveral. Sus habitantes se ufanan de ser el señorío de las orquídeas y de lagunas encantadas, además de producir uno de los mejores cafés del Ecuador. Es sin duda un edén de la provincia de Loja.

Llegamos a la parroquia El Ingenio, un hermoso paraje de clima subtropical muy productivo de variadas frutas y abundante caña de azúcar. Allí conocí a Temístocles Obregón, un anciano muy lúcido y conocedor del pasado histórico.  Me dijo que hace muchos años se conocía comúnmente a ese sector como el valle de Huancolla, pero que, a raíz de haberse instalado un pequeño ingenio para producir azúcar morena, en la heredad de la familia Valdivieso, se lo conoce como tal: El Ingenio.  

Me vino a la mente otro ingenio azucarero hidráulico que, según se cuenta, fue instalado por el Dr. Manuel José Aguirre Jaramillo en su hacienda “La Trinidad”, en el sector de Malacatos, a finales del siglo XIX, al cual llamó “Adriana” en honor a su esposa Rosa Adriana Bermeo. De esa rama familiar desciende el ilustre escritor y poeta Alejandro Carrión Aguirre, quien recordaba con añoranza los días de su niñez en esa propiedad.

En 1976, “La Trinidad” fue adquirida por René Palacios Serrano en sociedad con Rolando Merchán Semería. En la actualidad, la hacienda se dedica a la producción de aguardiente y panela, así como a la prestación de servicios turísticos. Su entusiasta propietaria, Rosa Jaramillo viuda de Palacios, quien conserva como un tesoro la centrífuga del ingenio, maneja esos negocios con gran visión.  

Seguro que esos dos ingenios fueron pequeños y de poca capacidad, podría decirse artesanales. La planta industrial para el procesamiento y producción de azúcar refinada y cristalizada vino con Alberto Hidalgo Jarrín, quien, arriesgando todo su capital y con una serie de gestiones financieras, hizo posible el funcionamiento del Ingenio Monterrey Azucarero en el Valle de Catamayo, un día de mayo de 1962, cumpliendo su sueño dorado ante el asombro de los incrédulos.

Temístocles Obregón me manifestó que antes de existir la vía carrozable a Amaluza, la relación comercial era con Ayabaca, en el Perú, y que las transacciones se hacían en soles y libras esterlinas.

Yo también aporté con lo mío en la amena charla. Le hice saber que Jorge García Torres, un empresario nacido en Cariamanga, el 9 de octubre de 1937, fundador de una de las más grandes compañías de alimentos del país, SUMESA, y reconocido como un destacado industrial a nivel nacional, como resalta la Revista Forbes, dejó un recuerdo imborrable de su niñez en ese pueblo. Ocurrió como consecuencia del conflicto bélico con el Perú, en 1941, cuando tenía cuatro años. Su tía Delfina Torres, que vivía en El Ingenio, se hizo cargo de Jorge. Allí estaba el principal cuartel del Ejército ecuatoriano, con quinientos soldados. Cuando frisaba los ocho años comenzó a vender refrescos a los militares, a diez centavos el vaso.

Dicha Revista refiere que Jorge García, años más tarde, se reunió en Ambato con su padre, que era médico. Estudió Ingeniería Química. Se destacó por su inteligencia y creatividad. Desde muy joven era un inventor nato de marcas. Cuando aún adolescente, se reunió con su padre y su hermano para escoger el nombre de un producto farmacéutico para sacarlo al mercado, así nació “Finalín”,” una pastilla rosada que nuestras madres la tenían a la mano convencidas que curaba desde la cabeza a los pies.

Jorge García Torres, quien también se desempeñó como Ministro de Industrias y Comercio Exterior del Presidente Sixto Durán Ballén, es un hombre extraordinario que ha hecho relucir su capacidad de lojano para la consecución de grandes logros, tanto como Julio Hidalgo González nacido en 1925 en Sozoranga y graduado de ingeniero civil y arquitecto en la Universidad Central del Ecuador, quien, con su vocación para construir caminos, conformó la Compañía Hidalgo & Hidalgo que hoy es la más importante empresa constructora vial del país y de reconocido prestigio en la región latinoamericana.  

Nos despedimos de Temístocles y continuamos el viaje a Amaluza. En el trayecto, Gabriel tenía deseo de hacerme conocer su pequeña planta de procesamiento de caña de azúcar con fines de destilación.

Allí supe cómo surgió el nombre del licor Cantaclaro, tan popular entre los lojanos donde quiera que nos encontremos. Su padre, el Lcdo. Lorgio García García, periodista y hombre de cultura, quien ejerció el cargo de gerente en la empresa ILELSA, dedicada a la elaboración de bebidas alcohólicas destiladas, había leído la novela Cantaclaro escrita por Rómulo Gallegos, publicada en 1934, en la que narra la vida de Florentino Coronado, un cantante popular que recorrió aldeas y campos. Los habitantes del llano venezolano lo conocían como Cantaclaro porque decían que era el cantor que mejor expresaba el sentir de los llaneros.  

El Lcdo. García consideró que ese nombre crearía una marca atractiva, y no se equivocó. El directorio acogió la iniciativa y desde entonces Cantaclaro perdura en el alma de los lojanos.   

Llegamos a Amaluza, la cabecera cantonal, tierra de Milton Torres García, quien a los veinte y cinco años de edad decidió viajar a Santo Domingo de los Colorados, hoy Tsáchilas, para abrir horizontes de grandeza a base de esfuerzo, trabajo y sacrificio. Adquirió su primera hacienda:  «La Esmeralda», para dedicarla a la crianza y producción de ganado, actividad en la cual despuntó como el más importante ganadero de la región. Fue promotor de creación de la Asociación de Ganaderos de Santo Domingo, ASOGAN. En sus últimos años de vida adquirió las instalaciones del Hotel Zaracay. El Centro Social Loja “18 de Noviembre” le brindó un reconocimiento como el mejor empresario de Santo Domingo de los Tsáchilas.

Hombre apreciado por su don caballeroso y espíritu solidario. Apoyó a grupos prioritarios; a niños de escasos recursos económicos; a personas de la tercera edad y a discapacitados.  Su deceso, el 7 de agosto de 2019, fue muy sentido. En su memoria el boulevard en la vía a Quito, en las afueras del Recinto Ferial de Santo Domingo, lleva su nombre; así como también la Escuela de Formación Ganadera de ASOGAN y la Asociación de Ganaderos de Amaluza.

Mi plena complacencia por haber conocido ese hermoso edén de nuestra provincia se perturbó por la indignación que me causó el deplorable estado en que se encuentra la carretera, lo que evidentemente limita cualquier posibilidad de desarrollo turístico; peor a Jimbura, santuario lacustre de Loja, que apenas cuenta con un camino de tercer orden.

Sigo convencido, como decía el maestro Benjamín Carrión, que vivimos en el último rincón del mundo.