Agricultores reclaman el pago del seguro agrario

César Augusto Correa

elcesarbelt@gmail.com

Al recorrer los cantones suroccidentales de nuestra provincia me he encontrado con la aflicción de los agricultores que se hallan en mora con las instituciones financieras que les hicieron préstamos para cultivar sus fincas, que no han podido pagar sus deudas porque la sequía les produjo pérdidas y lamentablemente no han recibido la debida indemnización del seguro que contrataron.

La sequía fue severa en los dos años anteriores, las cosechas cayeron bárbaramente, el problema fue observado por los funcionarios de la aseguradora, que inclusive les entregaron el respectivo documento en el que constaba el porcentaje de la pérdida sufrida. Los perjudicados aparejaron la documentación requerida para acceder al cobro del seguro, lo que les representó gastos adicionales, pero hasta hoy no les ha llegado la respectiva indemnización.

En enero pasado comenzó la época invernal, está lloviendo en la forma que se necesita, ha sido el momento de proceder a la siembra, pero no todos lo han podido hacer.

Al país le interesa que los agricultores realicen la mejor explotación de sus tierras, para que esta actividad se mantenga vigorosa y los habitantes de las ciudades podamos disponer de alimentos a los precios más cómodos posibles. Por lo tanto, el Estado debe velar porque los agricultores gocen de garantías para emprender en sus inversiones con la confianza de que en el peor de los casos, podrán recuperar el dinero empleado, aunque no se recupere el trabajo efectuado.

Fue excelente crear el seguro agrario y funcionó bien cuando la compañía pública Seguros Sucre fue la responsable de otorgarlo. Entre los agricultores se desarrolló la confianza suficiente para hacer el máximo esfuerzo económico para aprovechar toda la superficie disponible. Esto se acabó porque Seguros Sucre fue liquidada por Lenin Moreno, bajo el cuento de que el Estado es un mal administrador y por lo mismo las empresas públicas deben desaparecer. Desde entonces el seguro ha quedado a cargo de la empresa privada, supuestamente eficiente, tan eficiente que ha defraudado a la generalidad de los usuarios del servicio, los ha convertido en morosos y los ha sumido en el pesimismo.