P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ
Una de las catequesis del Papa Francisco, promulgada en el mes de mayo de 2016, dirigida a resaltar la vocación y la misión del Pastor en la vida de la Iglesia en el mundo contemporáneo, expresa la esencia de una espiritualidad que tiene que fortalecerse siempre. La parábola del Buen Pastor, escrita por san Juan, en un lenguaje sencillo y en un contexto cotidiano, propio del campo, resalta diversos elementos comunicacionales. Jesús habla a sus oyentes, los judíos, con frases muy asertivas: “Mis ovejas escuchan mi voz…”. La cercanía del dueño del rebaño al que alimenta, cuida y protege con amor y dedicación, encuentra una respuesta positiva. Surge, de esta manera, una relación entrañable.
La voz del pastor, tanto más que una acción impositiva, de poder y posesión, establece un acto de amor, cercanía y pertenencia afectiva y recíproca: “Yo las conozco y ellas me siguen”. El conocimiento, íntimo y familiar, provoca respuestas. Ellas lo siguen. Encuentran seguridad. Rezume, en las ovejas, el valor de la confianza. Jesús, Buen Pastor, quiere que ninguna de ellas perezca. Él, nos da la vida eterna. Jesús, entregó su vida por cada uno de nosotros. La muerte en la cruz, signo glorioso de amor y libertad, actualiza esta sublime parábola. San Juan subraya la profundidad de una Alianza, nueva y eterna, que va cambiar el camino de muchos hombres y mujeres: “Nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre”.
Dios, escribía un Teólogo brasileño, tiene rostro materno. El Profeta Oseas habla de las entrañas de misericordia de Dios. La unión, única e inseparable entre Jesús y el Padre, tan fuerte como el amor incondicional, sella nuestra filiación divina: “El Padre y yo somos uno”. Adquirimos la garantía de un cuidado permanente. El Papa Francisco imprime en su catequesis la necesidad de una mayor dedicación del Pastor de este tiempo al cuidado del rebaño que ha recibido para una misión importante. Acentúa el valor del acompañamiento: “Desde siempre este símbolo representa la preocupación de Jesús hacia los pecadores y la misericordia de Dios que no se resigna a perder a nadie”. Hoy, a la luz de esta reflexión, debemos examinar nuestra conciencia. ¿Cómo vivimos nuestra fe? ¿Cómo está nuestra capacidad de compromiso y de escucha a la voz del Pastor que nos habla de distinta manera? Vivimos tiempos nuevos. Difíciles.
Las voces que escuchamos, en esta nueva era digital, nos vuelven ciegos y sordos. El Buen Pastor no cesa de hablarnos. Las ovejas, nosotros, al sintonizar con el tono paternal de un-Padre que nos ama, guía y protege, caminamos por senderos seguros. Nuestro destino final, la plenitud de la libertad, la simboliza el autor del libro del Apocalipsis: “El Cordero, que está en el trono, será su pastor y los guiará a las fuentes del agua de la vida y Dios enjugará de sus ojos toda lágrima”. El autor del salmo 99 nos anima a enriquecernos con la vida divina que nos llena de paz: “Reconozcamos que el Señor es Dios, que Él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño”. El llamado del Papa Francisco remueve nuestro compromiso de vida.
