El Papa Francisco, cuando reflexionaba acerca de la familia, la definía como “un faro de luz y esperanza fundamental, que, a través del amor y el perdón, el diálogo y la fe en lo cotidiano, se convierte en el primer lugar de humanización y en la célula vital que transforma el mundo, enseñando virtudes y siendo un tesoro precioso a sostener”.
La familia humana tiene defectos. Sin embargo, recibe de Dios el don de la fortaleza para cimentar su dimensión en el cultivo de valores que trascienden: paciencia, caridad y perdón. En suma, como “Iglesia doméstica”, afirmaba Francisco, “sostienen a sus miembros y a la sociedad en tiempos de crisis, como modelos de una esperanza activa y transformadora”. La familia, según la Sagrada Escritura, nos vincula con un entorno social, complejo y confuso. El libro del Eclesiástico acentúa la naturaleza intrínseca de los miembros de un hogar formado bajo el patrón de la fe y del cumplimiento de los mandamientos de la ley de Dios: “El Señor honra al padre con los hijos y respalda la autoridad de la madre sobre la prole”. Me permito subrayar algunos términos que confieren solemnidad al texto: honrar, respaldar, autoridad, padre y madre, hijos. El autor sagrado recalca que los mandamientos, como senderos de fe, deben cumplirse porque Dios ilumina cada paso del hombre que busca vivir en plenitud. La gracia, que proviene del encuentro con Jesucristo, Sumo Bien, camina con los limpios de corazón. Llega para sanar corazones afligidos que necesitan auxilio. La espiritualidad de san Pablo refulge desde siempre con la invitación a fortalecer el espíritu. Dios quiere que el hombre recobre la inocencia original, aquella que permanece aletargada, entre el confort y el glamour, de los modelos existentes en la sociedad actual: “Que en sus corazones reine la paz de Cristo…y sean agradecidos”. La gratitud de la que habla el Apóstol refleja la existencia de un torrente de bendiciones que hay que revalorizar. En las circunstancias actuales surge un clamor universal, una petición muy sentida, que exige una respuesta urgente para recuperar la esencia de la verdadera familia: la unidad en la fe, con compromiso y sacrificio. En el Evangelio de San Mateo, José escucha la voz de Dios que le impulsa a tomar una decisión urgente. Como cabeza de hogar debe salvar a su familia de las garras de un personaje sanguinario: “Herodes busca al niño para matarlo”. José, hombre justo, emprenderá un nuevo éxodo hacia Egipto. Volverán en el momento oportuno, cuando escuchen, otra vez, la voz de Dios para que retornen a su tierra. La Sagrada Familia, emprenderá, una y otra vez, nuevos viajes en pos de estabilidad, seguridad y progreso. En Galilea, José, Jesús y María, van a establecer su hogar, un espacio sagrado para disfrutar del ambiente cotidiano de diálogo, expectativa, con experiencias que marcarán cada acontecimiento, llenas de anécdotas con el color natural de la vida. Las palabras del Papa Francisco resonarán en la memoria del mundo como un himno que resalta la belleza de la creación del hombre y de la mujer, la riqueza de la convivencia, el recurso frecuente a la reconciliación y la oración frecuente, signos de bendición.
