23 / 09 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Eduardo Panjón, estudiante foráneo de vuelta a su casa. Eduardo Panjón, estudiante foráneo de vuelta a su casa.

Estudio y trabajo, la dura realidad de quienes buscan superarse

Publicado en Reportaje Escrito por  Mayo 20 2019 tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente
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Un gran porcentaje de estudiantes universitarios vienen de otras partes de la provincia, incluso de las provincias vecinas. Ello significa esfuerzo para sus familias y en otros casos, esfuerzo propio para estudiar y trabajar al mismo tiempo, sin apoyo de nadie, todo con un propósito: conseguir la profesión de sus sueños. Esta es la historia de Mishell, Katherine y Eduardo quienes sortean cada dificultad para seguir hacia su objetivo.

Mishell Zurita, de 24 años, es una mujer embarazada que debe trabajar y estudiar sin apoyo económico de nadie. Nacida en Machala, pero criada en la ciudad de Quito, se independizó tras acabar sus estudios de secundaria a los 18 años. Luego de una serie de odiseas en su vida amorosa y familiar, dejó a medio terminar su carrera en la capital ecuatoriana para trasladarse a Loja y seguir su verdadera pasión: Comunicación Social, a los 21 años de edad.

“Fue muy difícil venir a Loja porque solo traje a mi perrita, su platito de comida, una cobija y la ropa que llevaba puesta. Yo dormía en el piso. En un principio hice un préstamo de $200, con el que pude financiar mi primer tema, el cual me abrió las puertas al mundo de la música”, comenta Mishell.

En un principio siguió Psicología. Luego se cambió a Ingeniería Mecánica. Sin embargo, al agarrar un micrófono se percató de que su verdadera pasión era el Periodismo. A día de hoy sigue trabajando en diversos eventos musicales, en discotecas y en contratos privados todos los fines de semana. Su sueldo es de $150 aproximadamente, pero afirma que para ella y su mascota Tomasa es suficiente.

El día de un estudiante foráneo es complejo. Madrugan más de lo normal para prepararse ellos mismos el desayuno, en caso de que coman algo; arreglan un poco su casa y van a la universidad, generalmente a pie. Al volver a sus hogares en la tarde, comen rápidamente y se dirigen a hacer prácticas o trabajar. En el retorno a sus cuartos o mini departamentos, preparan la merienda y empiezan a hacer las tareas para el día siguiente: proyectos, investigaciones, etc. Por ello las horas de descanso son insuficientes y ello afecta también a su salud física y mental.

Mishell tiene un embarazo de alto peligro, pues a las pocas semanas tuvo un riesgo de aborto del que poco a poco ella y su bebé van recuperándose. El ritmo acelerado de vida que lleva hace que se preocupe bastante por su salud. Las prácticas, el trabajo y los percances económicos y médicos la transformaron en una mujer fuerte emocionalmente para no desistir de sus sueños. En la universidad no tiene ningún trato especial por sus condiciones. Mishell ni si quiera cuenta con una beca, ni con la ayuda de sus padres. No sabe nada de ellos desde que se marchó de su casa hace 6 años.

Por otro lado, Katherine Sánchez es una estudiante de Educación y Psicopedagogía en la Universidad Nacional de Loja. Cursa el séptimo ciclo. Previo a esta carrera, siguió una tecnología en Enfermería. Además de los proyectos finales, Kathy realiza prácticas pre profesionales y trabaja impartiendo clases particulares a una niña con dificultades de aprendizaje y de vez en cuando vende bisutería, pues la beca que le otorga el Gobierno no es suficiente para cubrir los gastos.

“Ahí es cuando te hace falta tu mamá, por ejemplo. Llegas a tu casa y no hay nada hecho, tu cuarto sigue igual. Debes preocuparte por todo: tu propia comida, la ropa, el orden de la casa, tus estudios. No tienes a nadie que te espere  con un juguito o un café al llegar a casa. En lo cansado que te encuentras al final del día, debes hacerlo todo tú mismo. Extraño mucho a mi mamá”, lo dice con nostalgia.

Eduardo Panjón, de 24 años, desde hace algún tiempo trabaja de mesero para auto sustentar sus estudios. Vive con un compañero de departamento, lo cual ayuda, según dice, a escatimar gastos. Cursa el cuarto ciclo de la carrera de Literatura en la UNL. Graduado en la ciudad de Cuenca, no cuenta tampoco con el apoyo económico de nadie.

“En la vida hay que arriesgarse un poco. He viajado mucho. Siempre me han gustado los retos”.

Eduardo estudia de lunes a viernes, compaginando ello con sus prácticas, las cuales le ocupan toda la tarde y parte de la noche. Saltarse las comidas es recurrente en su día a día, para ahorrar dice. Viaja todos los fines de semana, sin falta, a la ciudad de Cuenca, donde trabaja todo el día para poder subsistir la semana. Gana alrededor de $200 mensuales. Sus estudios equiparan el 100% de sus ingresos y apenas tiene tiempo libre.

Hay miles de estudiantes en estas condiciones, cada uno es una historia diferente. Desde padres con discapacidad o hermanos menores a quienes se enfoca más el esfuerzo del hogar, lo que hace que muchos tengan que trabajar para estudiar.

La realidad de los estudiantes que no son nacidos en la ciudad de Loja es compleja, como ellos mismos la califican. Se suman los altos costos por arriendos y se privan de ver a sus seres queridos por varias semanas, incluso meses. Al final, todo esfuerzo vale la pena con la esperanza de algún día tener la esperada recompenza: su título profesional.(I). (KMT)

 

 

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