20 / 11 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

El peso de nuestras certezas

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Tejiendo experiencias de vida en un seminario de ventas, me encontré con una reflexión interesante, donde se propone, que el humano construye su éxito o su fracaso en función del tipo de historia que se cuenta a sí mismo, y claro está, que todos hacemos nuestras certezas basándonos en las experiencias vividas, como también, que la desmemoria no ha sido practicada como método de creación.  Esta es mi propuesta por vivir desde la desmemoria.

Fue René Descartes, el filósofo modernista, quien hace 370 años, en un ejercicio intelectual, decidió someter a prueba sus creencias mediante preguntas rigurosas, para el efecto se internó en un retiro voluntario, (aislamiento temporal), con el fin de despojarse de todos esas ideas preconcebidas, prejuicios y conocimientos adquiridos; de esta manera, el filósofo planteó sus hipótesis, con el objeto de extraer la verdad para el mundo; producto de este trance intelectual, se afirma el famoso planteamiento: “pienso, luego existo” (Cogito, ergo sum), puesto que Descartes luego de realizar su laboratorio de ideas, llegó a la conclusión que aun en el trance de estar soñando, alucinando, divagando, había un ejercicio mental que daba cuenta de su existencia.

Desde esta muy admirable iniciativa del maestro Descartes, afirmo que el pensamiento crea la realidad, es decir, que existir es pensar, la vida se configura en la mente, y es realmente increíble como el libre albedrío opera en la vida.

Hay gente que ha entregado vida por ideas, se aferran puesto que, sus certezas son pesadas a base de experiencias duras y no tienen otra forma de ver el mundo. Sin embargo, cuan leve resultan esas convicciones, si tal como intentó hacerlo el filósofo de la referencia, perdiéramos la memoria, ¿dónde quedaría la identidad? ¿Dónde la ideología? ¿Dónde las certezas que acarreábamos? Sin embargo, el sentido del ser subyace, y por tanto, la existencia ocurre.

Es así que las convicciones deben dejar el derecho a la posibilidad opuesta, y las certezas en las que se basa el existir tienen que ser flexibles, con “mente abierta”. Lo contrario: pensamiento muy rígido, significa perpetuar ideas, estados, acciones, que son transitorios, y que bien pueden ser ajustados, creando, con más filosofía existencial la vida plena que deseamos; evitando el peso de las certezas, y sobre todo, ese gran desajuste que vive el humano contemporáneo, y aunque Descartes muy sabiamente, hace siglos ya lo propuso, no creo que ha calado en nosotros su método, que lo traigo a propósito, pues, si la vida depende del tipo de historia que nos contamos; evidentemente, es preciso borrar recuerdos y procurar historias de plenitud.(O).

 

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