17 / 02 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Escuchar con el alma

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Ahora que es tan complicado oírnos, ya no se pronuncian palabras de amor, buen pretexto y maldita sordera. El mundo es muchedumbre de murmullos y la palabra amor no se distingue de sórdidos y repulsivos ruidos, bendita sordera. Pero, la palabra no es lo mismo que el amor, como no es igual, oírla o escucharla.

Hoy que las palabras naufragan en el diluvio del ruido, hay desencuentros dentro del mundo, de la casa, del corazón. Ya nadie se dice palabras de amor: como una pareja de casados, viven juntos, comen juntos, duermen juntos, pero, no se hablan palabras de amor, tienen sordera; son como opuestos a dos rosas en el jardín, aunque, las flores sin poder oírse se escuchan y ese es un estado privilegiado, un lenguaje silente, cada vez más lejano al hombre contemporáneo.

Ya no se hacen palabras de amor o mejor dicho, nadie las escucha, porque no es lo mismo decir “mi amor” que “sentirte mi amor”, ya nadie entra al amor así; pues, es más fácil acceder a cualquier cosa: a un baile, a un centro comercial, a una feria como a una relación ligera, pero, a ese mundo supremo del silencio, donde reina el amor, casi nadie llega.  

Es por esto, que muchos tienen un trabalenguas en la boca y un vacío en el alma y  casi nunca se comprenden con sus seres amados. Hay familias que tienen problemas con los hijos y dicen amarse demasiado; pero, no hay entre ellos, tan siquiera palabras sentidas, o mejor dicho no se escuchan entre ellos: discuten, se agreden, se desquitan, se castigan, pero, no se aman.

Ya no se usan palabras de amor menos gestos genuinos amorosos, están desapareciendo; es más fácil abreviarlo todo, preferimos los atajos, los símbolos, cosas más prácticas y frías, como un TQM u otro abreviado; resulta cursi, anticuado, aburrido decir “te amo”.  Entonces, si no hay palabra ¿cómo se vive un concepto? Es por esto, que el amor ha mutado, la amistad que era un ejercicio de amar cotidiano, ahora es competencia.  Todo, porque oímos mucho pero, nos escuchamos poco.

Así, hay que reaprender el ejercicio de escuchar, ser atentos con las palabras, con los gestos y saber que cuando escuchamos amamos y viceversa. 

Dicen que Beethoven fue sordo, sin embargo, un genio para crear sinfonías, ¿cómo hizo música si no oía? La respuesta reside en que era sordo de oído pero, no del alma. Hoy que escribo para explicar quiénes son realmente sordos, vuelvo a mirar las parejas, las familias, los amigos; y escucho mucho, mucho, mucho; solamente así entiendo que la palabra amor no es lo mismo que el amor, pero, humanamente sin palabra no hay sentir.

Y regreso a mi rara costumbre de escuchar a mi perro con sus gestos, y las miradas de un vecino felino; y comprendo que todos buscamos el amor, pero, ya nadie dice: del amor que se escucha con el alma.   

     

 

 

 

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