17 / 08 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Sandra Beatriz Ludeña Jiménez

Sandra Beatriz Ludeña Jiménez

Antes que la región andina sea colonizada e incluso antes que nazca para los occidentales el nuevo continente, la civilización andina gozaba de verdadero desarrollo, poder y tenían sus propios sistemas de gobierno, comunicación y registro, un imperio que dominaba Los Andes, que conectaba con todos los elementos de la naturaleza y que tenía mucha verdad por proclamar. 


El mundo de las abejas es bastante sugerente en lo relacionado a organización, liderazgo y gobierno, así en filosofía de vida, contrariamente a otros insectos de vida social, las colonias de abejas viven un liderazgo matriarcal, siendo la abeja reina o abeja madre quien tiene la misión de poner los huevos y distribuirlos en el panal de la colmena, pero no solo eso, esta abeja maestra es la encargada de mantener la cohesión en el grupo, ya que segrega feromonas que hacen que todos los miembros de la comunidad se sientan atraídos en su ambiente y se encuentren a gusto.  Una familia de abejas se compone de tres castas: las abejas reinas que son las de más edad, las abejas obreras y los zánganos o machos.


Mujer, arcilla y vida

Publicado en Columnista Julio 23 2018 0

Las mujeres del barrio Cera perteneciente a la parroquia Taquil en Loja, han encontrado en la tierra su sentido de existencia, pues con tanta visión, descubrieron que la arcilla tratada con devoción es generosa.  Contrariamente a lo que dice el enunciado “tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe”, en Cera el cántaro no se ha roto y la tradición de hacer ollas de barro sigue. Con verdadera vocación alfarera, he visto cómo las mujeres cargan la arcilla desde el yacimiento ubicado en el barrio Cera hasta la planta, luego empieza el proceso, selección de material, tamizado de la arena, composición del barro que es el resultado de la mezcla de arcilla y agua, al que se amasa con esa certidumbre de hacer cosas grandes.


Hoy como en otras ocasiones, rememoro el ejemplo de una tejedora, ella que con sus afectos y sus hilos hacía prodigios, de esos días entendí los problemas más grandes y sus resoluciones con un croché en la mano.  Mi madre fue maestra de la sencillez y sus soluciones eran efectivas, nada mejor para calmar la angustia que un tejido, nada como mover los dedos tejiendo y disipar la rabia, y para superar los miedos agradecer y tejer.


Acá dejo unas breves líneas recordando los tiempos de escuelita, cuando éramos unas chiquillas, tuve la suerte de ser alumna de Zoilita Calderón. Maestra tranquila, llena de sabiduría y comprensión.


Hace tiempo habitaba en Loja, pequeña ciudad de la sierra ecuatoriana, las calles eran de tierra y en pequeños tramos empedradas o adoquinadas, teníamos algo así como mercados, uno llamado “Central” y otro de “San Sebastián”. En la ciudad había unos pocos comercios con productos traídos de Guayaquil  y la capital y en los barrios, pequeñas tiendas de los emprendedores de ese momento. La ciudad se confundía con el campo, no era extraño ver casas rodeadas de extensas zonas de terreno delimitadas con cercos de alambre de púas, en esos predios se hacían huertos familiares, y recuerdo que, yo ayudaba a cosechar arvejas, porotos, habas, papas entre otras ilusiones de mi madre, que se juntaba con otros vecinos para compartir, tierra, semillas y trabajo.


 

Si al traer a compartir un tema me impulsan ciertas motivaciones personales, también, es preciso expresar que busco ante todo enfocar ideas que generen reflexión social, como un proceso de desarrollo que responda a las inquietudes de un país necesitado por generar un continuo de pensamiento, filosofía, investigación y que a la larga es ciencia.


La ausencia de un padre duele, no importa quién eres, qué tienes, no importa tu condición, tu filosofía de vida contraria a la mía, hiciste falta, a pesar de las amenazas de tu genio que es el mismo que el mío, a pesar del mundo entero que estuvo en nuestra contra. Nos reencontramos, pienso que no estuve en tus planes, quizá ni siquiera se te pasó por la cabeza, menos por el corazón amarme, preferiste permanecer en la invisibilidad del anonimato, a no ser, por los que pretenden mover nuestros hilos, y por esas muletillas que a veces nos ayudan a sostenernos, alguien, algo, sopló fuerte, y así sea con la intención de tumbarme, con la concurrencia de tantas circunstancias y las malas horas, decidí pronunciar tu nombre y buscarte, anular esta pose de mujer invencible.


Peregrinaciones

Publicado en Columnista Marzo 05 2018 0

Es esta una opinión diferente, puesto que la escritura permite crear una memoria perdurable, distinta al proceso fisiológico que experimentamos los seres humanos, la memoria que se perenniza con la escritura e impide olvidar. 


Empezaré por reconocer mi extrema ingenuidad y que esta opinión está llena de obviedad al respecto, es así que, sin consciencia, en el año 2009, fui a parar en un grupo político con el cual viví el discurso ideológico, campaña, y representación; con esto, la necesidad de entender la política y su articulación con la transformación social.


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