02 / 04 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

El sospechoso de matar a su familia fue procesado en el hospital

Escrito por  Diciembre 02 2016 tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente
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El pronóstico de Alberto J. es reservado. El hombre, sospechoso de asesinar a su esposa y a sus cuatro hijos, continúa en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), en el sur de Guayaquil.


En la casa de salud, se realizó la audiencia de formulación de cargos por el delito de asesinato. El fiscal Wilson Álvarez informó que el procesado, quien quedó con prisión preventiva, no pudo pronunciarse debido a su condición de salud y que se desconoce cuánto tiempo estará internado.
Lesiones
“Tiene heridas en el cuello, a la altura de la caja torácica, abdomen y otras partes, pues intentó suicidarse”. Elías vivía a poca distancia de la vivienda donde ocurrió el crimen. Él recuerda a Alberto como un hombre amable y tranquilo. “No era malcriado, ni agresivo, ni siquiera decía malas palabras. No había discusiones en su familia”.
¿Qué ocurrió para que matara a su esposa y a sus cuatro hijos?, ¿En realidad tuvo un problema psicológico para que hiciera eso?, se cuestiona mientras observa la casa pintada de blanco que permanece cerrada desde que sacaron los cadáveres hacia el Laboratorio de Criminalística y Ciencias Forenses.
Testigos
Los habitantes del callejón de la Coop. Mélida de Toral, en las Malvinas, en el sur de Guayaquil, no pierden el asombro. ‘Camilo’, otro morador, repasa que la parentela era muy unida. “Si uno salía de casa, salían todos. Yo veía cuando el padre iba con sus hijos a la panadería y se agarraban de las manos para cruzar la calle así no hubiera carros. Iban juntos a dejarlos a la escuela a los niños. Eran felices”.
Aquella felicidad a la que se refieren se evidencia también en las redes sociales donde ambos tienen como fotos de presentación momentos compartidos en familia e intercambiaban mensajes cariñosos. ‘Roberto’, otro vecino, asegura que aquella madrugada no hubo gritos, lo que realmente alarmó de que algo pasaba fue cuando salió humo de la casa. El joven narra que corrió a forzar las puertas para rescatar a sus vecinos y que al abrirla sintió como que perdía el aire. Los cuerpos estaban dispersos por toda la sala, cerca de un colchón y las huellas de la violencia, por todas partes. Solo cerró la puerta para que nadie ingresara. Sin embargo, hubo alguien valiente que entró a sacar el tanque de gas para evitar una explosión. (I). (El Telégrafo).

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