17 / 02 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Galo Guerrero-Jiménez

Galo Guerrero-Jiménez

Lo más saludable y coherente cuando se organiza el currículo escolar en temas de escritura, y en cualesquiera de los niveles educativos, es empezar a redactar temas que estén insertos en un contexto discursivo específico, particularizando “el recorrido que hacen los alumnos por un camino que va de la información al conocimiento, a través de la realización de actividades referidas a un tema o problema” (Finocchio, 2009).


Interiorizar la lengua desde la lectura y la escritura ayuda enormemente a desarrollar los procesos de pensamiento. La lectura es la que más revitaliza el pensamiento y la vida misma en sus múltiples dimensiones. Como sostiene Larrosa: “La lectura es un trabajo con y sobre el lenguaje, con y sobre el sentido, que conduce a la transformación de nuestra manera de ser en el mundo y, con ella, del mundo mismo” (2007).


La preocupación por la efectividad de la palabra humana debe ser siempre profunda hasta en aquel ser que no tiene una adecuada formación para comunicarse; pues, cada cual a su manera se expresa desde “sus límites y sus posibilidades para afectar a quienes la escuchan, por sus virtudes y sus peligros” (Larrosa, 2007).


Si leer trae dificultades porque no es fácil dominar todos los géneros discursivos escritos, la escritura implica otro tipo de problemas. Es necesario recalcar que “la escritura no es tan solo un instrumento de comunicación capaz de traspasar los límites del espacio y el tiempo. Se trata más bien de una herramienta que puede ir forjando ciertas estructuras de pensamiento, ciertos tipos de juicios o abstracciones, y puede determinar determinadas funciones y posibilidades de análisis que difícilmente pudieran ser llevadas a cabo desde la articulación oral del lenguaje” (Salgado, 2014, p. 18).


En la escuela el alumno no quiere ni leer ni escribir desde el deseo o desde su mejor aporte personal por la falta de propuestas provocadoras.


A escribir se aprende leyendo. No basta el empleo de elementos técnicos, gramaticales, semánticos, pragmáticos y hasta psicológicos para llegar a escribir correctamente si no se empieza leyendo.


El lenguaje humano para efectos de comunicación siempre seguirá siendo un problema si no se consideran algunos elementos básicos que son necesarios para crear un discurso adecuado, coherente, armónico, de manera que sea posible la conquista de una oralidad, de una escritura y de una lectura significativas, en cuya visión personal y social quede plasmada la mejor propuesta humana de comunicación, sobre todo porque “en medio de la realidad está el sujeto expresándose por medio del lenguaje” (Botero, 2008, p. 32).


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