16 / 10 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Galo Guerrero-Jiménez

Galo Guerrero-Jiménez

Un texto, según sea el lector, tiene una información que necesita ser procesada, a veces desde un lector cuya comprensión es ingenua, de novato, de aprendiz o de maestría (Pérez, 2016), dependiendo de sus circunstancias personales y contextuales. Por ejemplo, “son medulares los conocimientos previos del lector más su esquema mental: creencias, intereses, cultura, valores, metas, sentimientos… los mismos que determinan las asociaciones, generalizaciones y posterior transferencia que se pueda hacer del mismo” (Pérez, 2016) y en orden al desarrollo de la capacidad interior que cada lector posee para comprender, interpretar, juzgar y transferir ese conocimiento de manera metacognitiva.


En la medida en que el conocimiento de un tema determinado se compenetra en el lector, es posible una mayor compenetración de su carácter subjetivo para interpretar el conjunto de ese conocimiento leído, estudiado, analizado y asumido desde una específica consideración hermenéutica y pragmática en la que el disfrute, la reflexión profunda y el cuestionamiento, bien se trate de un texto humanístico o científico, será altamente significativo en ese pensar y actuar de esa nueva realidad que crea el lector.


La hermenéutica del texto

Publicado en Columnista Agosto 21 2018 0

El sentido literal de un texto siempre es claro. El autor escribe y el lector extrae “al pie de la letra” lo que el texto dice. Pero lo que le da sentido al valor que el texto tiene no es la comprensión literal sino la actitud inferencial que el lector tiene para inferirlo, para interpretarlo, es decir, el criterio hermenéutico que en el lector aflora desde su más profunda concepción subjetiva para valorar, de conformidad con sus principios, un texto determinado.


Como especialista y cultivador de las más hermosas flores de la naturaleza, las orquídeas, el cantante y poeta Tulio Bustos ha querido no solo mostrar el cuidado que en estas bellísimas flores ha puesto en su trajinar por la vida, al hacer pública la majestuosidad de cada una de estas 31 muestras que conforman uno de sus libros, sino que ha querido mimarlas al más alto grado que el amor humano puede cuando se trata de desparramar toda la querencia que sale del alma, del corazón y sobre todo, de su profunda vocación humanista para expresar su más sentido potencial lírico a cada una de estas bellas damas: las orquídeas, a través de un muy bien trazado poema de dos estrofas cada uno y con una bien acentuada rima consonante.


Cuando uno lee siempre se viaja con alguien a través del pensamiento: son dos personas las que viajan, el lector y las ideas del escritor; ¡y qué diálogo para fructífero que se entabla entre estos dos personajes!: las ideas del escritor y las ideas que el lector va generando como producto de las ideas iniciales leídas: palabras, preguntas, hipótesis, ideas, ambientes, personajes, recuerdos, nostalgias,  acciones, informaciones, opiniones, deleite, cuestionamientos, y un sinnúmero de circunstancias que el lector genera en su cabeza y en su corazón, más bien dicho en toda su condición humana, incluso cuando se lee solo para informarse.


 

El nuevo libro de cuentos de autoría de María Celeste Torres Córdova, hace alusión a sus nombres; pues, ha decido bautizarlo con el título de María y la magia de los cuentos celestes 2. Emociona saber que a sus quince años (2017) haya producido ya su segundo libro de cuentos. María Celeste ha hecho de la literatura una pasión, una fuente de humanismo, de gracia y de una manifestación personal muy sentida para encarar la vida desde una propuesta motivante, subyugante, arrolladora por la fuerza emotiva, diáfana, transparente, sencilla y al mismo tiempo cuestionadora de las costumbres que los humanos hemos logrado crear, a veces desde el ángulo de nuestra bajas pasiones y malsanas actitudes contra el prójimo.


 

Si no hay una acción reflexiva a partir de lo que se comprende cuando se lee un texto determinado, muy difícilmente se podrá, luego, llevar a cabo una transferencia del conocimiento o una acción específica a un hecho concreto de la realidad exterior. Por supuesto que la acción reflexiva solo es posible cuando el lector se apropia de lo que lee, es decir, cuando le agrada lo que lee, cuando sintoniza con los contenidos o, más concretamente, cuando llega a la contemplación del conocimiento, a esa especie de interiorización que lo ilumina en lo más profundo de su contextura humana.


 

Es necesario insistir en la necesidad de apropiarse de lo que se lee. Cada lector, por supuesto, tiene una manera personal para adentrarse en el mundo de la lectura, a veces sobre la base de lo que más le gusta, en otros casos, por el gusto del estilo del autor, y, desde otra óptica, según sean sus necesidades personales y profesionales. En todo caso, cada lector “debe hacer del texto (…) un contenido comprendido y manipulable en cualquier contexto y, sobre todo, reaplicable en la solución de problemas reales” (Pérez, 2016, p. 11), incluso en la lectura de ficción que es la que con más rigor, desde el mundo de la estética recreativa, sabe plantear, validar y consolidar la pluralidad de vivencias humanas que dentro de su largo historial la sociedad vive en sus múltiples dimensiones axiológico-antropológico-ético-culturales.


En todos los niveles del sistema de educación escolarizada y universitaria, lo que más se debe hacer es aprender a pensar, a reflexionar y a emitir juicios críticos en torno a la realidad circundante y mundial de la ciencia, de la cultura y de la educación cívico-democrático-político-ciudadana. Y uno de los mejores instrumentos de reflexión está en el acto de leer y de escribir, y de conformidad con la experiencia que ante la vida tenga el ciudadano que, siendo alfabetizado, su deber consiste en poner en funcionamiento su más granado intelecto para aprender a  pensar con el mayor rigor que su formación personal le permita.


Galo Guamán Delgado y Luis Varela Estévez, ambos graduados como doctores en Ciencias de la Educación y ambos con una amplia experiencia educativa en la ciudad de Loja y en varias instituciones del país, tanto en el nivel medio como en el ámbito universitario, hoy nos entregan el producto de su sapiencia profesional y humanístico-científica  no solo en calidad de docentes sino de investigadores en lo que respecta a uno de los ámbitos, quizá el más delicado dentro del campo de  las ciencias pedagógicas: la evaluación de los aprendizajes.


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