21 / 01 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Enseñar a leer

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En un momento de la historia en el que la lectura para los adolescentes es cada vez más un hábito ajeno y tedioso, resulta especialmente difícil para los profesores trabajar para inculcar aquel hábito que en ciertas circunstancias, pareciera cada vez más lejano y complejo de sembrar.

Aun así, la necesidad se presenta de forma latente y muchas preguntas se agolpan en la cabeza al pensar sobre esto: ¿Cómo se supone que se debe competir con el cúmulo de distracciones audiovisuales (sean estas videojuegos, redes sociales, series de televisión o aplicaciones móviles)?, ¿Qué hacer para enseñarles a leer? ¿Cómo crear un  hábito en un mundo en el que leer no es muy apreciado?
Se podría empezar por eliminar la lejanía y la extrañeza que provoca un libro con el que uno no se puede identificar. A la gente joven le gusta encontrar historias que hablen sobre ellos, sobre sus problemas o contengan elementos que resulten familiares para ellos. Necesitan encontrar historias que se relacionen con el mundo que ellos conocen, que hablen de personajes que se parezcan a las personas que conocen, o a las que admiran. En ese sentido, sería una buena idea proponerles títulos interesantes, novedosos y frescos, se les debería dar libertad para escoger y encontrar aquello que les guste leer. Imponer lecturas en una instancia tan temprana resultaría simplemente contraproducente. Tampoco tiene nada de malo incluir cómics o álbumes ilustrados como primeras lecturas. La generación actual es muy buena para leer imágenes, por la cultura audiovisual en la que han nacido.
Una vez se ha conseguido despertar algún interés, se puede ir incluyendo lecturas cada vez más complejas, relacionándolas con el mundo real, permitiéndoles entender que a través de la historia de un libro se pueden conocer otras culturas, otros tiempos y otras sociedades. Guiarlos en este punto es importante, para que comprendan que escoger una lectura tiene un objetivo y un sentido específicos, y que no forma parte simplemente de un programa o currículum.
De igual forma, se puede seleccionar lecturas que busquen despertar sentimientos, emociones o reflexiones en ellos, se puede mostrar que la literatura también puede hablar de temas tabú o de dilemas existenciales que ellos se han planteado alguna vez, se puede presentar personajes sólidos y líneas argumentales complejas, con el fin de que descubran nuevas y diferentes maneras de contar una historia y de comprender un mensaje.
Enseñar a leer es complejo y toma tiempo. A eso se le suma la reticencia y las circunstancias en las que nos encontramos, pero buscar estrategias creativas y elegir las lecturas con un objetivo puede permitir que poco a poco, esos mismos adolescentes reticentes le encuentren el gusto a los libros, por su propia magia.

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