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Ascender descendiendo

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A primera vista parece una contradicción, un error, algo imposible: ¿Cómo se va a “subir bajando”? Si quiero subir tengo que escalar, un cerro, la cumbre de una sierra, el Villonaco, el Chimborazo o el Cotopaxi, el Mandango de Vilcabamba…Hay que trepar, no se puede negar. Quizá considerando la alteración y temperatura del aire, nos vamos deteriorando y estamos “descendiendo en calidad de respiración”, el corazón apresurado, los músculos cansados. Vamos “descendiendo” pero al final, nos compensa el esfuerzo realizado.


En el “camino integral” de la persona, espíritu  y materia se balancean armónicamente: si aumenta el primero la segunda disminuye y viceversa, el “exceso  de atención al cuerpo, rebaja la fuerza del espíritu”. Debemos centrarnos en dar  cada uno, lo que necesita, y lograr una feliz “justicia-equilibrio- personal”. Más bien el “espíritu debe ser el guía de la vida” y el cuerpo con todas sus buenas cualidades, ponerse a su servicio.

Sucede lo mismo con los valores psicológicos y morales. Cuando satisfacemos “nuestro ego” de vanidad y ambición, el espíritu celoso, se esconde raquítico. Ahí tiene lugar el “ascender descendiendo”: bajando humildemente “a la cueva de nuestro ser misterioso y escondido”, al dolor de los hermanos sufridos,  Dios “nos asciende” en su escala de valoración. En la “cueva profunda del ser” tiene lugar nuestro encuentro con “el Ser de Dios”: “eres un Dios escondido…” sin luces ni ornamentos deslumbrantes…apenas una velita humilde de fe, que denuncia Tu presencia y orienta nuestro deseo de hablar contigo…el silencio fértil, la comunicación limpia e intensa…” somos elevados al punto más alto del Amor…estamos tocando cielo”….ascendiendo…con los hermanos atendidos… (O).

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