06 / 04 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Intolerancia política

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Como era de esperarse y al puro estilo de los gobiernos tercermundistas, conducta agravada por la lógica neo socialista; el brillante mandatario venezolano, como si se tratase de un niño caprichoso, anuncia represalias contra los burócratas que se han atrevido a firmar las infinitas nóminas que apoyan la revocatoria de su cuestionado mandato, las que en número han sobrepasado las expectativas de sus promotores, probando que los ciudadanos llaneros descontentos son realmente muchísimos más que los radicales chavistas.


Y es que es penoso reconocer que esos métodos son comunes en gobiernos como los que aspiraron a la patria grande (idea que de a poco se vuelve una quimera), donde los políticos en el poder son poco menos que intocables, en extremo sensibles hasta a la más mínima crítica, llegando a la exageración de conformar ejércitos de jóvenes “enredados”, con el único propósito de vigilar las redes sociales en busca de opositores, que tarde o temprano estarán envueltos en juicios por sus opiniones o en el mejor de los casos ser nombrados deshonrosamente por la “traición a la patria”, según los inquisidores.

Para ventaja de quienes piensan diferente, el acceso a los medios masivos es cada día más simple y el ingenio evoluciona a pasos acelerados, haciendo el conflicto más equitativo, llevando a que las jóvenes mentes oficialistas se esfuercen por desmentir todo el cúmulo de opiniones adversas, debiendo ajustarse al discurso de sus superiores, aunque éste se encuentre lejos de la realidad.

Política es sinónimo de conflicto; pero para estos políticos golondrinas el ego no les permite ver sus errores, a veces grotescos y en otras tan infantiles que despiertan hasta cierta simpatía por su inocencia, llevándolos desesperadamente a acaparar con todos los poderes, haciendo inútil un litigio justo entre el que osó opinar en su contra y su “lúcida” carrera, desconociendo que inevitablemente como persona pública se encuentra expuesto a todo tipo de críticas, para las cuales se necesita madurez y personalidad; por allí también a lo mejor una que otra opinión jocosa que para bien o para mal y más temprano que tarde será solo anécdota. 

Esto me llevó a recordar un pasaje de la obra de Juan Carlos Monedero, denominada “curso urgente de política para gente decente”, que con gran acierto dice: “Bromear sobre los políticos es una señal de buena salud democrática. El político que se toma a sí mismo demasiado en serio siempre está a un paso de autoritarismo. Reírse de las altas figuras del Estado es un delito en muchos países. Sobre todo si son reinos”.

Será que nuestra democracia goza de buena salud o tendrá que morir un poco para nacer mejor. (O).


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