20 / 11 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Las aberraciones del poder

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El Ecuador aún tiene aberraciones sociales y jurídicas que debemos combatir, una de ellas, es la imposición del poder, que se traduce en el abuso de las influencias para coartar la libertad y la dignidad de las personas.

La vigencia plena de los dinosaurios de la politiquería, permiten torcer la justicia y la verdad. La imposición de las prácticas oscurantistas de los politiqueros de viejo cuño, que aún sobreviven a la nueva corriente del pensamiento mundial, pero que, como último recurso, se han atrincherado en nuestra ciudad para continuar con las prácticas del pasado, con la mendicidad de sus ideas y la corrupción de sus acciones.

El mundo cambió, y con él, sus máximos líderes dieron un paso honesto a sus acciones, pues permitieron que las ciudades se modernicen, que su gente se renueve y que sus instituciones progresen. En el Ecuador, esto no sucedió, mucho menos en nuestra urbe, donde aún sentimos la presencia de alguno que otro jurásico de la politiquería, falsos ídolos de barro, carentes de identidad y formación ideológica, cuyo único objetivo ha sido el uso, abuso y la imposición del poder.

El nuevo ordenamiento constitucional que nos rige, será un féretro más que se arruma en cualquier cementerio de la patria, sino cambiamos este entornó político-judicial que nos rodea. Las nuevas instituciones jurídicas que hemos construido, son una quimera pues permitimos que los mismos fascistas del ayer, arropados en el poder nos desgobiernen a placer.

Los ecuatorianos debemos cambiar, y los lojanos primero tenemos que despertar del letargo irreverente en el que nos sumergió el cacicazgo y el caudillismo -hoy prósperos hacendados- para luego empezar a cambiar, a trazar un surco diferente, una luz en nuestro horizonte que nos permita vivir con dignidad, que podamos los lojanos decidir con libertad nuestro futuro, no sumisos a los atavismos del pasado y las prácticas anárquicas propias del fascismo alemán que flageló criminalmente a su pueblo.

La justicia sigue siendo un látigo que golpea el dorso de la clase popular, pero que se muestra endeble y sin reacción, frente a la opulencia del poder, al tráfico de influencias y a la majestuosidad del vil metal.  No basta soñar con la justicia divina, aunque sabemos que llegará en el día y en el momento en el que nuestro Supremo lo decida, pues para vivir en este bello rincón de la tierra, necesitamos equidad y justicia verdadera, prácticas públicas equilibradas que se apliquen a todos por igual.

Si no hemos podido cambiar este sistema de inequidad e imposición del poder, nuestra existencia seguirá siendo el alimento preciado de los verdugos de la libertad, de la esperanza popular y del futuro de nuestra descendencia.  Unámonos para trasponer el camino de los mismos de siempre y buscar en nuestro propio entorno, a las mujeres y hombres que nos deparen un futuro diferente; para que esto suceda les deseamos: …buen viento … y buena mar. (O).


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