11 / 12 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Para hablar de comunicación

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Al celebrar cuatro años de vigencia de la Ley de Comunicación, recordemos los principios básicos de la comunicación, esto es: “el contenido y la relación”, en este axioma, sin duda alguna, el contenido lo propone el periodista, mientras que la relación, es el efecto calificador de quienes escuchan, ven, leen o reciben a través de las redes sociales.


Pero: ¿cuánto, ¿cuándo y cómo se cumple este proceso comunicador? ¿hasta dónde el periodista entrega un contenido de calidad? para que el receptor, es decir, nuestra audiencia, califique -si hay algo que vale calificar- la información, o quizá, procese contenidos insustanciales, fatuos, sin orientación y sentido real, contribuyendo así a un mal proceso de comunicación.

Más allá de las disposiciones legales que el articulado de la Ley dispone para el proceso de comunicación en la operatividad de este cuerpo normativo, hay que iniciar una tarea de educación y formación comunicacional. Debemos revisar nuestra actividad periodística y también la participación de los líderes de opinión; quizá ahí, en este ejercicio de reaprender, entendamos que la actividad periodística es un proceso de alta calificación y no un monólogo denigratorio, revanchista y excluyente.

Hagamos una comunicación social efectiva, sustentada en el derecho universal de libertad… pero con responsabilidad, seamos críticos, propositivos y no cómplices pasivos de la superficialidad mediática, busquemos siempre la verdad y construyamos un pensamiento auténtico en beneficio de todos.

La comunicación es universal, no dejemos que las ideas se pierdan y la ignorancia cubra nuestra esperanza, hagamos un ejercicio responsable de la comunicación y construyamos un camino de ilusión y prosperidad, sustentado en la libertad y en la dignidad. El pueblo es la piedra donde tropieza todos los excesos del poder que no encuentra la ruta cómplice de la sumisión.

No hay periodismo público y periodismo privado, como no existe Ley de Comunicación para medios públicos y otra para medios privados -como sinónimo de periodistas públicos y periodistas privados- ¡NO PANCHO PUEBLO! La tarea periodística es una sola y la Ley debe regularnos a todos por igual, de tal manera que, ningún ecuatoriano o ningún gobernante -de cualquier nivel de gobierno- que quiere hacer del periodismo un instrumento para sojuzgar, vilipendiar o imponer su omnímoda voluntad, debe ser sancionado con la misma rigurosidad y efectos que la ley impone a todos quienes ejercemos el periodismo como vocación de servicio y de vida.

Que el cuadro de Manuela de Santa Cruz y Espejo, que lucirá en dependencias de las entidades públicas, nos recuerde que la libertad de expresión y el periodismo -el que lo ejerció ella con responsabilidad y sabiduría- a más ser un derecho, es una vocación que nos permite unir, no destruir, menos aún dividir a un pueblo carente de paz y esperanza; para que esto suceda les deseamos: …buen viento …y buena mar. (O).

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