20 / 08 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

En el cooperativismo: mala fe y mala pata

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En esta pequeña urbe, quien no tiene un amigo o un familiar que no haya sufrido por la quiebra de las cooperativas de ahorro y crédito.  En la última década se abrieron una gran cantidad de entidades cooperativas, tanto por el buen negocio que es captar dinero de socios inversionistas (los más adinerados), como a la vez colocarlo en préstamos a otros socios, (los menos afortunados). Esto es lo que conocemos como intermediación financiera.  

Así las cosas, empezaron a andar de maravilla, pero quien controlaba esto, nadie. La gente se organizaba, nombraba un gerente, contrataban personal, hacían un consejo de administración, otro de vigilancia, cumplía con algunos requisitos legales, y ya estaba.  

En tan solo pocos años, el cooperativismo creció, pero algo andaba mal, los administradores se sintieron dueños y señores, la plata ya no era de los socios, era de su bolsillo, empleados de las cooperativas, cambiaron la bicicleta por el bronco. ¿Que cómo se desfiguró la cooperación?, con mala fe, sin quien controle, siendo amos y señores, los que estaban en la administración hacían y deshacían, los socios aprobaban todo apoyados en su mala pata (su desconocimiento), además nunca antes había sido tan fácil ganar dinero. Pero ¿qué negocio es tan redituable, para pagar tasas de interés tan altas a los inversionistas?, ¿qué negocio da para que sus administradores se dediquen a hacer cualquier cosa, menos buenos negocios?

Lo cierto es, que nadie puede responder. Concluyo expresando que normalmente se dice que las empresas mal administradas tienen el camino ganado a la banca rota, más si los administradores de muchas cooperativas, confundieron todo, ellos se hicieron dueños y a los socios los hicieron empleados (es decir, utilizados). Así, día a día, año tras año los socios iban a dejar su dinero, para que los administradores se lo den gastando, y con toda la mala fe, no había una contabilidad real, no presentaban estados financieros, no sesionaban con los consejos, no hacían nada, mientras los socios se contentaban con que se les acrediten un pequeño valor por intereses, la dura realidad era inminente, la quiebra, deterioro patrimonial descontrolado seguía su marcha, mientras los administradores vivían en su zona de confort, los ingenuos socios financiaban con sus ahorros todo el despilfarro, y así, la mala fe de unos significó la mala pata de otros. (O).





Modificado por última vez en Julio 03 2017
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