01 / 04 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Desigualdad extrema: el gran pecado de muy pocos

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El Principio de Pareto (o regla del 80/20), establecido a inicios del siglo XX por Vildredo Pareto, señala que muchas cosas guardan aproximadamente la relación 80/20.  Así: el 80% de la población posee el 20% de las tierras (o el 20% es dueño del 80% de la tierra); el 20% de las vainas de guisantes producen el 80% de la cosecha; el 20% de los clientes generan el 80% de los ingresos; el 20% de los integrantes de una agrupación político-partidista son files a los principios y el 80% son oportunistas…La relación 80/20 o 20/80 es la más frecuente, pero puede variar entre 95/5 y 70/30. En la métrica de los negocios permite separar las cosas “poco vitales” (el 80% de las causas) de las “muy útiles” (el 20% que generan el mayor resultado o impacto), o entender que “cuanto más frecuentemente se produzca una acción, mayor será el impacto sobre el resultado”.


Esta corta introducción nos permite reflexionar, una vez más, sobre el tema de la inequidad, la terrible lacra que afecta a toda la humanidad: ésta, según el Principio de Pareto, no sólo señala, tomando la fluctuación más extrema de la regla, que el 5% de la población mundial detenta el 95% de la riqueza, sino que, actualmente el 1% más rico posee más riqueza que el 99% restante  (los paraísos fiscales esconden 7,6 billones de dólares de una minoría privilegiada).

Según la Oxfam (“Una economía al servicio del 1%”), “la riqueza en manos de la mitad más pobre de la humanidad se ha reducido en un billón de dólares a lo largo de los últimos cinco años”: En 2015, sólo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad): en 2010, eran 388 personas. Estas 62 personas ha incrementado su riqueza en un 45%, en apenas cinco años: de 542.000 millones, en 2010, a 1,76  billones de dólares al momento actual; mientras la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se redujo en más de un billón de dólares en el mismo periodo: un desplome del 38%. “En otras palabras, desde el inicio del presente siglo, la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50% de esa “nueva riqueza” ha ido a parar a los bolsillos del 1% más rico”.

La creciente desigualdad económica nos perjudica a todos, a ricos y a pobres, porque debilita el crecimiento y la cohesión social. Pero los pobres sufren sus peores consecuencias. ¿Podrán estos pocos multimillonarios, enfermos de codicia, reflexionar en algún momento sobre su equivocada conducta que está conduciendo no sólo a una catástrofe social sino a una catástrofe telúrica que amenaza arrasar con todo, incluida la enorme riqueza acumulada inútilmente por ellos? (O).

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