22 / 11 / 2017

Archivo Loja, Ecuador

Los depredadores de la inocencia

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Cuando un país es víctima de los fenómenos de la corrupción, mentira, ofensa, persecución, se debilita la voluntad, flaquea la conciencia, sobre el caerán aglutinados todos los males, porque se han degenerado todos los sentimientos de nobleza y vergüenza y, se da rienda suelta al cometimiento de los excesos más repugnantes de repudio social, cuyas secuelas repercuten con gravidez, en las personas de menor protección humana, niños, ancianos y generalmente en los estamentos sociales más pobres y desposeídos, semejándose en un “Ritus Macabro”, ejercido por personas perversas y miserables, encubiertos en el caos original.

Los actos denigrantes de abuso sexual y violación, de agresión al pudor e inocencia de la niñez y juventud, en los establecimientos de educación, catalogados como la mayor injuria para el alma noble y tierna; por este agravio moral, perpetrado por docentes desadaptados, monstruos depredadores, saturados del furor de la maldad, que han impregnado llagas que no se cicatrizan, que entristecen tan profundamente hasta la humillación y la denigración, heridas encestadas al honor, a la altivez de la esencia del ser humano, al amor propio y a la moral.

Una persona que, llevada de sus deseos perniciosos, daña a otro ser más débil que él, se envilece y causa un irreversible perjuicio; por tan brutal realidad, compete al Estado, adoptar las más urgentes medidas de protección, contra este flagelo repugnante, con leyes rígidas, la prevención, protección y la rehabilitación en los caos que lo ameriten.

Ayudar al débil es caridad, ayudar al inocente es redención, es precautelar los valores morales, los principios incólumes y, es el cultivo de sacrificio de una pasión a la razón, para indilgar la paz en la existencia; porque las razones son medicina del alma, son leyes universales inclaudicables.

Para que los principios inalienables se plasmen en auténtica realidad, es menester sancionar ejemplarizadoramente a los culpables del delito, a sus cómplices y encubridores, a los que por su inoperancia, pasión política u omisión de responsabilidades en aplicar celosamente el protocolo y las normas pertinentes, para designar y seleccionar a los elementos capaces, de gran nivel intelectual, moral y psicológico, para que asuman la ennoblecedora tarea de ser maestros conductores de la niñez y de la juventud; deben ser poseedores de sacrificio. amor, lealtad y moral bien cimentada.(O).

 

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