23 / 02 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Un diálogo honesto para vivir mejor

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¿Acaso la vida es sencilla? Empiezo este comentario con este cuestionamiento, porque las personas vivimos a base de instinto, y no hacemos uso de una filosofía de vida razonada, a través de un diálogo honesto con uno mismo.  En las escuelas no enseñan a vivir, por lo que, en tantos casos nos ahogamos en vasos de agua, en círculos viciosos, con emociones dañinas; ante ello, es urgente aprender a examinar nuestro comportamiento, identificar el problema y reconocer la crisis que se genera a través de ese comportamiento. 

La propuesta que traigo, invita a aprender a analizar y actuar, es decir, vivir una vida examinada, separándose del apego al sufrimiento, por encima de los problemas, y sintiéndose más que cualquier circunstancia.  Esto es sistematizar una ruta que nos lleve a la resolución de conflictos, que bien podría significar una felicidad más alcanzable, responsabilidad menos pesada, valores más infalibles y sentido de vida más pleno. Me refiero a revisar las creencias que manejamos, que conforman la concepción del mundo y cómo opera, además, existe una experiencia conformada por educación, vivencias, aciertos y errores que están registradas en el subconsciente y serían nuestra filosofía.

Esa mirada examinadora, es en un punto contemplativa, pero, también debe ser comparativa con las grandes corrientes del pensamiento universal. La sabiduría de los antiguos nos haría gran bien, con un proceso como el que propongo, aparecerán esos viejos criterios que pueden ser reapropiados o simplemente desvanecidos, así mismo las nuevas intuiciones y visiones que nos permitan reinterpretar la crisis, al trabajar con los problemas presentes, se produce la serenidad que ayuda al desapego, la practicidad y un mayor sentido de existencia.

Esta es una alternativa como la que usó un hombre que había sido desterrado de su pueblo, no tenía familia, ni dinero, y había sido despojado de todas sus pertenencias. Sin embargo, en su crisis, fue capaz de buscar luz en la sabiduría de Sócrates y Aristóteles; cambiando así toda su existencia. Este hombre fue Zenón de Citio, quien creo un estilo de vida llamado “estoicismo”, una filosofía que promulgaría la importancia de la virtud, la tolerancia, y el autocontrol. Seguramente el diálogo de Zenón fue tan honesto, que replanteó su filosofía y llegó a ser un referente para la humanidad. (O).

 

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