25 / 01 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

El sufrimiento del eterno femenino

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Hoy, a pocos días de la muerte de Emilia, quiero trascender el sentimiento, y analizar fríamente, como lo harían los que todo lo pueden, y al final, todo es nada; quisiera preguntar a los poderosos, ¿de qué sirve tanto discurso?, si a la final nadie pudo proteger a una niña de diez años, que en su ingenuidad pensó que un tipo, un verdadero instructor de bailoterapia, alguien que ejerció una relación de poder ante ella, alguien que tenía que ayudarla, protegerla, fue quien le propició la más abominable tortura y sufrimiento.  Imagino ¿cómo sería esa desesperación?, ¡cómo clamaría auxilio!, ¡cómo pediría piedad!, ¡cómo llamaría a su madre!, en fin, ¡cómo pediría a su Dios que la ayude!, y finalmente todo resultó inoportuno.

El Estado ahora tiene un problema de mayor trascendencia, que ya no es un caso aislado, ya no es Emilia, es el sufrimiento de todas las mujeres de este país, representadas por la vulnerabilidad de nuestro género, es el sufrimiento del eterno femenino, algo extremadamente delicado, que debe ser resuelto.

Las justificaciones éticas, sociales, y políticas que sustentan las reformas emprendidas por el Estado Ecuatoriano se quedan cortas, ¿es acaso, que este sufrimiento femenino, es una condena?, un mito que mantiene presas a las mujeres en un destino único de víctima. Y afirmo esto, desde mi tesis que argumenta que la percepción de lo masculino y femenino estructura el imaginario y la organización de toda la vida social, por lo que, todo intento de igualdad con mucha probabilidad raya en lo utópico, de la misma manera que fue utopía los intentos de salvar a Emilia, es utopía los deseos de hacerle justicia, es utopía decir “ni una más”.

Revisando esta descripción, no puedo dejar de pensar en las cifras de femicidio y contrastarlo con los logros de la igualdad de género y aunque crudo, Emilia nos da un sacudón tanto al legislador, que ha fracasado con sus leyes, como al gobierno, que con todo su poder e infraestructura no pudo impedir su sufrimiento; y a toda la ciudadanía, por sumisos indiferentes, por inconsecuentes al no participar en la construcción de políticas que rompan el mito de eterno femenino vulnerable y analicen en justa medida el género, me refiero a constante valoración e inserción en escenarios sociales y políticos, de un tema imprescindible para la construcción social. Sin lo dicho, no hay descanso en paz para Emilia. (O).

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