23 / 10 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Homenaje a Zoilita Calderón

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Acá dejo unas breves líneas recordando los tiempos de escuelita, cuando éramos unas chiquillas, tuve la suerte de ser alumna de Zoilita Calderón. Maestra tranquila, llena de sabiduría y comprensión.

Fueron los últimos años de primaria cuando la conocimos. Nos enseñaba de todo, porque a más de las asignaturas, siempre había episodios únicos con ella; y, aunque nosotras tan porfiadas, la “señorita Zoila” (como la llamábamos), nunca perdió la compostura, siempre elegante, discreta, una verdadera dama.

Hoy cuantos años han transcurrido hasta este día. El tiempo ha pasado tan de prisa, ahora con la adultez, reveo esos momentos, donde la encontramos, quizá entonces la veíamos con otros ojos (ojos de la niñez), pero, siempre fue bella, ahora más que antes, luce su cabello blanco y su elegante estilo siempre se distingue.

Pero ¿qué fue lo que nos enseñó la señorita Zoila? Yo diría que con las Matemáticas nos enseñó a restar problemas y a sumar amigos; con la Geografía nos enseñó del espacio y del tiempo; con la Historia nos enseñó a recordar a las personas para siempre; y, con el Dibujo a hacer semblanzas sencillas como nosotras.  Sus días en la escuela Eliseo Álvarez transcurrieron dando el ejemplo, y nunca se negó a ayudar a quien lo necesitaba.

Gracias a ella, puedo afirmar que la grandeza se levanta desde la sencillez, que una puede ser líder desde su actividad, no importa cuál sea, y que no triunfa el más inteligente sino el perseverante. 

De ella aprendí, a luchar por lo que se ama y que no hay imposibles cuando hay voluntad; también, que hay favores que no se olvidan, pues convienen a la consumación de verdaderos acontecimientos.  Si no hubiese sido por esa convicción de Zoila Calderón, muchas de nosotras sus alumnas, hubiésemos quedado frustradas, un fracaso que muchas veces es tramado y profetizado por nuestros seres queridos.

Así fue como su fe, hoy se patentiza en lo que somos, cada una desde sus diferentes roles, porque la sabiduría de esta maestra, fue mucho más grande que su deber como educadora. Mañana, cuando estas letras se lean, que el mundo sepa, que hay misiones que se cumplen con los años; en el caso de esta gran mujer, su misión brilla en nuestro accionar honesto, como ella lo enseñó.  Por su lado, Zoilita estará contenta, de saber que sus acciones, sus ejemplos y sus palabras no quedaron en el vacío. Mientras tanto, acá mismo en esta ciudad hermosa, vive nuestra maravillosa maestra.  Saludos mi querida “señorita Zoila”.(O).

 

 

 

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