18 / 08 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Lecciones que nos deja el mundial de futbol

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Cuando nos esforzamos por aprender de la vida, toda ocasión nos proporciona lecciones que nos posibilitan mejorar nuestra vida personal, familiar, profesional y social. Por ello presentamos unos fragmentos del aprendizaje que ha experimentado Pedro Superti y que aspiramos que sea un aporte para la vida de nuestros lectores.

“¿La mayor lección que aprendí de la caída de los grandes en la copa rusa?

En cuestión de segundos, todo cambió. La animación inicial dio lugar a un escalofrío. Los favoritos llevaban el primer golpe: el primer gol que los sacaría de la copa.

Fábrica de grandes, nuestro país creó genios de la pelota. Por definición, un genio es el que hace milagros. Que hace lo que es imposible para los demás. Hace cosas que no se entiende, que no se explica.

Los europeos tenían menos talento. Menos números. Menos creatividad. Eran cuadrados, predecibles. Pero nunca fueron tontos. Los clubes más grandes del mundo empezaron a contratar expertos para analizar los movimientos y movimientos de sus jugadores. Como corrían, como pasaban y como improvisaban.

Poco a poco, la genialidad comenzó a hacer más y más sentido. Ciclismo, voleas y trivelas empezaron a ser, aclararlas. No era tanto estilo, pero ahora otros podrían ser entrenados, instruidos en lo que antes parecía poder divino.

El talento se convirtió en proceso.

Tenemos que acabar con la cultura de la adoración del talento. Una Cultura que pone las esperanzas en un solo individuo nos hace débiles. Si gana, ganamos. Si pierde, sufrimos.

Y eso, en mi opinión, es quizá la más poderosa lección que saco de la copa.

En la vida, tenemos que esperar menos de los grandes. Y producir más jugadores simples, pero que no abandonan la pelota.

En la escuela. En la compañía. En la familia. En la iglesia. Incluso en los deportes. No es esperar a más genios, es entrenar a más gente común que puede ser muy superior a la media.

Tenemos que inspirar a nuestros jóvenes y ser su mejor versión de sí mismos. No ser una copia de un crack que jamás se logrará. Y que es apedreado cuando falla.

Quiero que mi hijo quiera usar la camisa de la selección con su nombre, no con el del crack del momento.

Talento ayuda. Pero el campeón de verdad no nace listo. Es tallado.

Quien lo entienda, hoy en día gana el juego.”(O).

 

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