23 / 01 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

La alforja pervive en la costumbre

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Las alforjas del abuelo nos trajeron verdaderos tesoros, aún recuerdo que decía mi madre que en una alforja las pusieron a las dos hermanas (mi tía y a ella), una en cada bolsillo de la alforja, así el abuelo las trajo desde Cariamanga en una acémila, cuando decidió radicarse en esta ciudad.

Una alforja o talega que los antepasados tanto utilizaron, en mi historia, sirvió para cargar a la persona más importante de mi vida y en la historia de la humanidad sirvió para llevar provisiones, porque la vida es así de caprichosa, en esta ocasión no vengo a hablar de la simple alforja, ni de un accesorio que quizá ha pasado de moda, no solo porque se observa que la población la usa poco, sino porque la vida pasada se destiñe y se opaca por el desinterés del ojo humano.

Lo cierto es que las alforjas han sido parte de la vida humana, cuantas historias formidables cuenta la tradición y cuanta costumbre corre por esa vida del hombre, particularmente al hablar de ellas, hablo de un país al que conozco tanto, como a mi Loja querida, no creo que hay ecuatoriano que no haya oído hablar de las alforjas, en esta provincia es Gonzanamá la cuna de la alforja y de la jerga y  estos accesorios tan importantes, han acompañado a las familias como símbolo de la provisión y abrigo.

La alforja tuvo varios estilos uno de ellos es el que se conoció como “poncho-alforja”, un diseño que realmente significó una respuesta a la necesidad del hombre de tener un accesorio de carga portátil.  Cuanto más grande la alforja, más grandes los sueños del hombre de pueblo que transitaba por las rutas del progreso; sin embargo, hoy el lojano contemporáneo casi las olvida, a no ser, por los hombres de campo, que aún las tienen entre sus utensilios de viaje.  De la misma manera sucede con las jergas, unas mantas de diferentes colores que antiguamente se usaban como protección del lecho donde se descansaba.

Todo esto es parte de una herencia indígena, que pervivió en la costumbre a pesar de la organización española que nos trajo sus maneras de vivir.  Hoy, las alforjas han salido a recorrer el mundo, puesto que Ecuador se encuentra  afirmando su carácter propio, y con esto, el otavaleño ha salido como embajador, a mostrar nuestra cultura y declarándonos aptos para fundar nuestro propio tipo de civilización.  Por mi parte, no me queda sino decir, que las alforjas y las jergas, me traen nostalgia, y que quizá haya muchos ecuatorianos que cuenten también algún tipo de romance con estas tan halagüeñas alforjas, que me atrevo a afirmar que las alforjas perviven en las costumbres lojanas.(O).

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