24 / 01 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

El abuso de la corrupción

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Quien es leal con sus códigos deontológicos, es auténtico, es sincero, es transparente, porque no ha transitado por las prácticas oscurantistas del egoísmo y la soledad del poder. Muy pocos políticos, han podido ejercer el poder con responsabilidad y mantener su lealtad con el pueblo que los eligió; la gran mayoría ha privilegiado el enriquecimiento ilícito, la vanidad y su egotismo desmesurado por exaltarse y mitificarse con excesiva facilidad.

No obstante, hay algunos, que no solo han transgredido dichos códigos, sino que han abusado del poder de la corrupción; los actos que investiga la Fiscalía en el “submundo del diezmo al trabajo” a lo interno de la Asamblea Nacional, es la escala más baja de los valores del ser humano, es el reflejo de las subculturas donde el hombre lucha por la carroña, el cinismo, la desfachatez, el deshonor.  El honor y la hombría de bien, son valores incólumes para quienes viven en libertad de conciencia, de pensamiento y actitud. Vivir en la infamia, en la mentira, en la opulencia del poder corrupto, es transitar por los acantilados de la falsedad, por los barrancos de la codicia y perderse sin medida en los recovecos de la deslealtad.

Dar la mano con ganzúa por debajo de la manga y robarle sin desenfreno el alimento y el bienestar de una familia al momento de suscribir un contrato de trabajo, es como hacer un puente donde no hay río por el solo hecho de llevarme la coima del contrato -práctica recurrente en nuestra geografía provincial- a plena luz del día, con testigos incluidos y hasta con rúbrica del Notario que legalizó dicho contrato. Diría Fernando Artieda: […] “algo así como que estoy “chiro” pero el gerente de un Banco me ofrece trabajo y el primer día me dice que le preste una “gamba” mensual para ajustar el pago de su BMW y el traje de casimir inglés para ir al Club de la Unión” […], esto solo sucede en mi lindo Ecuador, donde los valores se han perdido y la cara de sinvergüenza se ha vuelto un plástico que maquilla dichos actos deleznables.  

Quien atesora el poder con desenfreno y evidente intolerancia, no puede ocultar su inestabilidad emocional ante la justicia y la verdad, sus miedos y sus culpas, son cadenas que lo vuelven vulnerable a los pliegues desgarrados de su conciencia, a las noches somnolientas de sus traiciones… y las tumbas abandonadas de sus maldades.

Navegar por las aguas cristalinas de la verdad, es conducir el barco de la vida por la pureza de la lealtad, es vivir en la grandeza de la humildad, en la sencillez de la justicia, en la inmensidad de la esperanza; lo contrario, la alta navegación por el trasatlántico de la traición, es sucumbir a las profundidades de la maldad, de lo etéreo, de lo banal. No permitamos que la corrupción sea parte del poder político entregado en las urnas, el pueblo rechaza estas prácticas deshonestas y hace fila para combatirlas con  unidad e hidalguía; para que esto suceda les deseamos: …buen viento …y buena mar. (O).

 

 

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