24 / 01 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Cómo animamos a escribir

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En un modelo educativo en donde se favorezcan los espacios para crear antes que aquellos que buscan solamente repetir y memorizar, escribir juega un papel importante, porque involucra procesos que apliquen los conocimientos teóricos en productos reales. Para esto, el profesor debe tener claro por qué y cómo animar a escribir a los estudiantes. Y como decía Víctor Moreno (1994), si bien es imposible enseñar a escribir, el profesor puede propiciar los espacios y el ambiente dentro del aula, así como impartir los conocimientos y entregar las herramientas para que los estudiantes se desenvuelvan en la tarea planificada.

Pero, uno de los consejos más importantes de Moreno, es que el profesor debe practicar lo que predica, involucrarse en el proceso de animación a la lectura y a la escritura, y para ello, debe leer mucho. Y si no es posible determinar qué debe leer, o qué novelas le descubrirán el camino por el que andar para motivar a sus alumnos, se pueden sugerir obras que hablen de la literatura misma, y que permitan entender al profesor la necesidad de practicarla y de estudiarla.

Está, por ejemplo, Punto y aparte, de Ítalo Calvino (1980), que agrupa ensayos escritos por el italiano entre 1955 y 1980, haciendo una reflexión sobre la literatura y la sociedad.

También está A la hora de escribir, de Bioy Casares (1988), que recoge conversaciones entre el autor y otros escritores, respondiendo a las cuestiones de por qué y cómo se escribe, así como reflexiones del papel de la escritura y su técnica.

Opiniones contundentes, de Vladimir Nabokov (1977) recopila entrevistas hechas al autor, en las que explica, con cierto sentido del humor, cuestiones relacionadas a la literatura, la lectura, su forma de escribir y su pensamiento respecto a la literatura y la sociedad.

Finalmente, está la recomendación de Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau (1949), en donde se desarrollan una serie de estrategias para escribir una misma línea argumental de maneras completamente distintas, dando ideas al lector de cómo encontrar una forma de escribir y transmitir un mensaje específico.

Esto serviría para contagiar al profesor de la necesidad de involucrar a sus alumnos en el proceso de creación literaria dentro del aula, de manera que no sea una imposición o una tarea obligatoria, sino una forma de compartir el conocimiento de manera agradable y con un sentido realista y beneficioso.(O).

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