23 / 07 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Peces, bajo y sobre el agua

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Los peces son criaturas que estando en este planeta, pertenecen a otro mundo, a la vida acuática. Los peces hacen las cosas de forma diferente, mientras otros seres no podemos respirar bajo el agua, para ellos es natural vivir en el agua, mientras el humano necesita suelo firme para existir, los peces fluyen, viven flotando, nadando, lo que análogamente significa un vuelo en el agua.
En el mundo de los peces hay enseñanzas maravillosas: un pez pensador estaba sumergido en su ejercicio de pensar y reflexionaba acerca de lo que la vida es, de esa forma estaba convencido de que el océano es todo, absoluta libertad, posibilidad de moverse y actuar en su entorno, teniendo como única frontera infranqueable la superficie, pues atravesarla constituiría la muerte; las necesidades básicas como: alimentación y reproducción son suplidas en su entorno, y los únicos peligros son los depredadores.
Con una vida así de simple, los peces son ejemplos de simplificación y belleza, de armonía con su entorno, de relax, no he visto peces estresados estando en su hábitat. Quizá esta sea la mayor diferencia con el resto de seres que habitan el planeta tierra. Un pez nace para ser, y nunca se aparta de esa misión, su corta vida la dedica exclusivamente a existir a plenitud, nace, se desarrolla, se convierte en la máxima expresión de lo que vino a ser, se reproduce y muere.
Ese mismo pez pensador se estaba preguntando ¿por qué existo? Y su respuesta fue simple: porque soy necesario. Y así continuó preguntándose y respondiéndose: ¿Para qué existo? Para ser pez y vivir. ¿Quién soy? Soy belleza, soy libertad, soy simplicidad, soy todo lo que la vida es. ¿Y que hay después del agua? Hay transformación. ¿Estoy solo y desprotegido? No, estoy siempre acompañado, gozo de todo lo que me hace falta y tengo siempre protección. Y con esas convicciones, el pez asume la vida, sin preocupaciones, sin distracciones, se dedica simplemente a ser y es feliz.
Así, un pez bajo el agua es pez (esencia, potencial vida); pero sobre el agua es pez transformado, se integra a otro mundo, donde se convierte en alimento para otros seres vivos. Quizá resulta paradójico, pero, así demuestro que este es el momento de ser, el momento de la vida, luego viene la trasformación, desintegración de elementos, separación de materia y energía.
Para los pragmáticos luego de la vida no hay nada, solo muerte y materia en descomposición; para los espirituales, hay luz, energía que llama a su homología. Con tales ideas, mi propuesta es saber existir, con la convicción del pez que sigue un mandato superior: ser y realizarse sin distracciones.(O).

 

 

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