18 / 12 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Tengo setenta y cuatro de todo (Reflexiones de mi padre)

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Tengo setenta y cuatro aquilatados años, mi piel es una hoja de otoño, sin verdor ni vigor posible, mi fuerza se parece al recuerdo. Sé que me ves y no te provoco nada.

Tengo setenta y cuatro kilos, una diabetes, una columna vertebral que me hace paro, un oído inservible, un ojo acaramelado que no ve. Y tú, que tienes ventaja en años, me atacas por la espalda.

Tengo setenta y cuatro recuerdos, unos buenos, otros menos buenos, en mí está el niño que no tuvo nada: Navidad, ni juego, ni mimos. Apenas pude, descubrí la dicha en el trabajo, y así atravesé sesenta y cuatro años, no tuve papá de oficio, no fui feliz y sin embargo, he repudiado el recuerdo. Pero tú, sin comprensión me obsequias la desmemoria, me increpas y me llamas a recordar, dices mal de mí.

Tengo setenta y cuatro juicios inconclusos, en algunos me juzgan en otros, yo juzgo, pero, cuando pienso en el futuro, me siento perdido. Quizá tú no has dimensionado lo que es este momento, y así de imprudente has lanzado tus acusaciones, me persigues, te crees juez, pero al final, la misma puerta que cierras para mí, estará “a machote” para ti, por tus propias fuerzas.

Tengo setenta y cuatro esperanzas frustradas, la primera: la de ser amado, ha sido la más pronta en alejarse, la última: la de ser reconocido, se realizó a la inversa, me reconocen mis enemigos para la burla y me dan las mejores recomendaciones para el mal. Y tú que puedes ayudarme, lo que haces es mofarte.

Tengo setenta y cuatro penas, las más dolorosas están relacionadas con mi madre, las más profundas son los hijos, las más desconcertantes son las sociales; en mi sencillez, solo puedo dejar al mundo mi sudor y alguna reflexión; por eso, mírame más de cerca, quizá te puedas ver en mí, con esas ideas, con las luchas infructuosas, con esa energía desperdiciada, quizá puedas reconocerte.  A estas alturas ya estás preocupado, seguro no te gustará ser el novel anciano, sin tiempo, al que no le tuviste paciencia.

Tengo setenta y cuatro ideas claras, principalmente: las del amor real que existe aunque no siempre entre humanos, las del odio que se acrecienta en la tierra, las de la belleza que es la vida trascendiendo toda muerte, las de la solidaridad que florece en algunos corazones y que es mi esperanza y las ideas de la legalidad, en las que me amparo; así que no pierdas el tiempo en mí, mírate tú y procura perfeccionarte para que no llegues como yo, inconforme de ser un novato.

Tengo setenta y pico de cabellos canos, setenta y pico de temores, setenta y pico de optimismo, setenta y pico de confianza, setenta y pico de sabiduría, setenta y pico de fe, setenta y pico de experiencia. Y a la vez, no tengo nada.(O).

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