23 / 01 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Túpac y el tambor

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Túpac es un niño antiguo, trae los pies descalzos, los rasgos faciales inconfundibles de sus ancestros, sus ojos oscuros tienen el vigor de los siglos, y su carácter indómito es realmente incásico. También, el tambor es un instrumento que sobrevive la modernidad temporal de los años; y tanto: niño y tambor (ambos), son naturales de una filosofía no reconocida, pero coexistente, un pensamiento andino incaico.

Túpac es de la década del 2010, tendrá a lo mucho, edad de ocho años, con un nombre muy sugerente, que dice de tiempo pasado, decidido estar presente; porque si es cierto que Túpac es un recién llegado a este mundo, también es verdad, que viene con un mensaje de historia, costumbre y pensamiento hispánico, con una filosofía de respeto y admiración hacia la naturaleza y el cosmos, su tambor trae una música que nos dice de la compenetración con lo natural, pues los tres:  hombre-nuevo, tambor y música, son productos antiguos, salidos de la gran matriz y de la maduración de culturas.

Túpac ha venido a recordarnos que los ancestros dimensionaban perfectamente quien es quien, sabían que salieron de una naturaleza que los alimentaba, los albergaba, pero que también podía destruirlos: un huayco (rayo) que caía en el cerro, un remesón de la tierra, o un animal salvaje con bestial fuerza, podrían terminar con su existencia; por ello, su veneración a esta, sabiendo que hay un retorno inexorable a la Pachamama.

Túpac pertenece a una raza que no se doblega, se ha incorporado al trabajo como a la disciplina, no miente, no roba, y respeta al prójimo, por lo dicho, hay una filosofía de trabajo, y se desarrolla una ética y axiología, que es más fuerte que la del hombre contemporáneo, que fácilmente flaquea.  Esa es la diminuta, gran diferencia, Túpac es de los antiguos, quechuas, que escasean; lo he visto con su tambor, dando entonaciones en la plaza, solo por el gusto de hacer el ambiente más alegre para el resto, este es espíritu colectivista solidario, donde ayllu (familia y comunidad campesina) son la base de todo. Así está creciendo Túpac, sintiendo que al enfermo hay que asistirlo, a la viuda hay que ayudarla, y que a los huérfanos hay que acogerlos, no para que nadie lo reconozca, sino como regla de existencia.

Así, Túpac y tambor son testimonio de una filosofía y una cosmovisión inmerecidamente desconocida, que trasciende los mitos, las creencias y las religiones.  Túpac-niño y el tambor, son los felices propietarios de un mensaje, que en llanuras andinas de huilco, hay un pensamiento que concibió al universo como una dualidad (yanantin), y que seguir un camino recto, es la mejor forma para encontrarse con la paridad y ser feliz.(O).

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