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Por el sueño de paz y armonía para todos feliz Año Nuevo

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Los días finales del año que muere constituyen antesala del próximo, el camino de los dos polos opuestos: muerte-vida, donde experimentamos una serie de vivencias, sensaciones, afectos, sentimientos y otros valores más que solamente en los momentos apremiantes de la vida los reconocemos  como vitales e importantes para nuestro equilibrio, nace y se pronuncia el clásico ¡Feliz Año Nuevo!, recordamos que alguien sentenció: “el lenguaje se inventó para ocultar el pensamiento”, situación que se repite en lo que hoy en día se señala como países sujetos a una situación de dependencia económica periférica. Los que vivimos en estos países, –como el nuestro– sabemos que lo más importante, es llegar a llamar a las cosas por su nombre, a decir al pan, pan y al vino, vino. Para establecer este viejo aforismo, no es crear ficciones sino describir situaciones, por ello en esta oración de año nuevo, manifestamos de corazón. Feliz año 2019.

Por la alegría y dolor que llevamos dentro y no la expresamos, por los enfermos que no visitamos, por los presos que despreciamos, por el agua que desperdiciamos. Por el consuelo que no dimos, por la oración de la libertad que no pronunciamos, por la profesión mal ejercida, por el dólar que robamos, por la medida que escamoteamos, por el impuesto que no pagamos, por el tiempo que cobramos y no trabajamos, por la noticia que exageramos o callamos.

Por los hijos no deseados, por los padres olvidados, por los hermanos y familia menospreciados por ser pobres, por los esposos y esposas ofendidos. Por lo presos sin sentencia, por los agonizantes sin cama, por los adultos sin trabajo, por los niños sin cuaderno. Por la economía neoliberal que olvida a los seres humanos, por la política que ignora el bien común, por las coimas que no rechazamos, por las influencias que mal utilizamos, por las tareas que no realizamos.

Por las culturas populares que menospreciamos y por la subcultura del silencio y conformismo que nos sumergimos por el temor y la ignorancia, por el analfabetismo y por la prepotencia de la ciencia y la tecnología. Por la aridez de la tierra y por el mal reparto de sus frutos, por la riqueza del subsuelo y por quienes mueren por obtenerla, por la atmósfera que contaminamos, por las aguas que infectamos, por la flora que destruimos, por la fauna que exterminamos.

Por el árbol que no sembramos, por la música que no compusimos, por el libro que no leímos, por la protesta del puño levantado que no la dijimos, por los sentimientos que no expresamos, por el consejo que callamos, por el pan que escamoteamos. Por la violencia que destruimos: “los castillos en el aire” y los sueños de los pobres, por la superficialidad con que argumentamos, por la frivolidad en la que vivimos, –con tal que tenga yo que comer, allá los demás–, por los cambios deseados que no realizamos.   

Por la amistad destruida, por la lealtad traicionada, por la fraternidad rechazada, por la libertad y dignidad hipotecadas, por la igualdad que no aceptamos. Por la mano que no extendimos, por la sonrisa que no brindan las secretarias y telefonistas de las instituciones públicas y privadas, por el diálogo que evitamos, por la lágrima que no compartimos, por la caricia que negamos. Por la injusticia que aceptamos por el amor que negamos, por la desesperanza que sembramos. Por el sueño de paz y armonía que todos alcancemos. Feliz Año 2019. Así sea.(O).  

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