23 / 05 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Misión diminuta y trascendente

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En la existencia, hay muchas cosas aparentemente pequeñas e insignificantes, aunque con gran trascendencia.

Es así el grano de arroz como el de mostaza, qué ventura en su diminuto porte, contiene la vida, individualmente tal vez sea incapaz de impresionar, si se cruza con uno de estos, pasará inadvertido, sin embargo, si cae en tierra fértil, es capaz de germinar y hacer brotar el ser vivo.  Qué suerte de pequeñez y trascendencia, qué misión existencial tan poderosa en su sencillez, este pequeño sin gran presencia, contiene la poderosa misión existencial, que lo reivindica y le da grandeza cargada de razón.

Y ni decir de la brizna de hierba en el jardín y el prado, tan simple que a nadie importa, pero, su verdor pinta el paisaje, da vida a la vida, contradice el juicio de inservible por invencible y nos enseña la lección de resistir; misión de integrar la naturaleza, de ser verde esperanza y sustento de otros en la tierra. 

De esta manera, el silbido del grillo en invierno adorna sonoramente las noches y dice reiteradamente lo maravillosa que es la vida, aunque, tan pequeño como el insecto que es, tampoco ha generado, nada grandioso para hablar en el mundo, sin embargo, guarda en su existencia una misión insospechable de ser e inspirar.

Así es la misión del grano de polvo en el camino, el silente mensaje de la piedra que a unos tropieza mientras que a otros edifica y así se cierne sobre las cabezas, la vida; porque sin la misión, seriamos nada, no habría razón de existir, por eso, si preguntan ¿quién soy? Sé que soy la misión diminuta y trascendente, en mis pequeñas fuerzas, quizá no soy grande, pero, sé que soy el todo, está en mí, el universo compactado, la presencia, la inteligencia y la suprema sabiduría.

Por ello, para quienes lean estas ideas, debo ser contundente en mi mensaje: es la misión lo más trascendental del ser.  Entonces, la misión debe ser comprendida, no estamos por estar, no somos el cántaro que rompió la posibilidad de contenido, somos sí, el cántaro vacío, porque es el vacío la misión de existencia, somos como el vaso con su espacio en espera, sin tal espacio es inservible, es así la existencia, sin el vacío para que se manifieste la misión, contradiríamos la naturaleza.

A pesar del aparente vacío, mal entendido como superfluo, diría yo que estamos llenos, somos esencia en potencia, venimos a sentir, pensar, expresar, realizarnos, traemos el poder de renovarnos, venimos a crecer, como el agua del río siempre nueva, aunque en esencia la misma; venimos como todo lo que existe, a amar y hacer el bien. No lo olvidemos, misión diminuta y trascendente, porque el sentido de la vida es así.(O).

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