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El cansino discurso electoral

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Los candidatos no hallan un discurso que entusiasme a los electores. Los mensajes electorales han caído en total descrédito. Tantas promesas, tantas veces repetidas y tantas veces incumplidas, han impuesto el escepticismo entre los ciudadanos, que desesperanzados exclaman "¡Todos son iguales!".

Y si las propuestas no atraen simpatizantes, entonces, se acude a la descalificación del contrincante. No votes por el Chato porque mata a los perros. No votes por Bailón porque se duerme. No votes por Villavicencio porque dejó quebrada a la Liga. No votes por Max Iñiguez porque es correísta. Todos los candidatos tienen defectos y siempre hay de qué acusarlos. 

Se busca crear o explotar las fobias de las personas. "La culpa es de Correa", con sus numerosas variantes,  se viene repitiendo decenas de veces todos los días desde hace dos años, para desviar los votos hacia los candidatos de la partidocracia.

Y en las encuestas los candidatos siguen empantanados, con bajos porcentajes de  intención de voto. 

Nos alegra. ¡Por fin se agotó el discurso populista!  Ya no va más eso del "pago de la deuda social", del "pan, techo y empleo", del "Sí se puede", de la "fuerza de los pobres". Ese discurso está en crisis, es decir, llega a su fin para que surja lo nuevo y superior.

 Estamos frente a un electorado ávido de exposiciones substanciosas. Se abren por completo las puertas para la Ciencia Política, para la Economía Política, para las estadísticas, para el análisis jurídico, que elevará la conciencia social. Ahora los partidos y movimientos tendrán que hacer lo que nunca antes lo han hecho, aunque era su obligación hacerlo: emprender en intensas campañas de capacitación a sus militantes y a la ciudadanía. La investigación histórica y sociológica adquieren, ¡por fin!, inusitada importancia.

 Se viene un salto dialéctico, del baratillo de ofertas al estudio serio de los problemas sociales. (O) 

 

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