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Consciencia de vivir

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Si no fuera, por esa manía de desconectarnos de la inteligencia, el tiempo terrenal que tan frugalmente desperdiciamos sería menos corto, setenta u ochenta años que vivimos, fueran extensos, provechosa vida que posibilita existencia, crecimiento efectivo, personal trascendencia, sin embargo, fácil es abandonar la conciencia de vivir y entrar en modo hibernando. 

Rutinas, al despertar cada día pendiente del teléfono móvil o de la televisión nos colocan en modo automático, rutinas de disposición para las ocupaciones diarias son comunes entre humanos modernos.  Para todo hay hábitos inconscientes, si caminamos hacia un destino, ya están las rutas fijas, respiramos y ni sentimos, comemos y ni sabemos lo que engullimos, ni qué decir del pensamiento, conexiones sinápticas hechas a base de repeticiones inconscientes, ya tenemos todo, para qué más, pasa el tiempo. Así nos sucede la vida.

Que el cielo es menos azul este día, nadie lo nota, que en el universo hay cambios, señales novedosas, no le otorgamos atención y así el ancho mundo es angosto, de norte a sur la inteligencia espacial se encuentra limitada.  Nos vamos conformando con una mente reducida a determinadas cosas, casos, concurrencia de circunstancias, es como trazar la cancha de metro cuadrado para párvulos, y luego, jugar entre adultos.

Y de esta forma, hay una pesada cola de pasado que arrastramos, la vida inconsciente, nos deja siempre en el mismo punto, pero con menos posibilidades, el problema viene, cuándo un súbito brote de memoria, nos despierta y estamos enterrados en cuarenta, cincuenta, sesenta años de edad, como si nos encontrara un alud de tiempo y sucesos que no prevenimos, y que nos da la sensación de no haber existido, aunque consumimos días en la inconsciencia.

Por ello, vivir conlleva un ejercicio existencial imprescindible de extrañamiento de uno mismo, solo de esa manera, no despertaremos con la pesadilla de la nada, vivir consciente, requiere cotidianamente observarnos, introducir cambios intencionales a las rutinas, saber conectarnos, desconectarnos, agradecer, hacer feliz a cada célula que nos integra, y reír mucho, aunque tengamos una edad avanzada sin paliativo.   

Pues bien, esta propuesta es para empezar hoy mismo, sin importar edad, porque aunque joven se precisa sabiduría, porque aunque viejo se espera sabiduría, la vida no es simple. La consciencia de vivir, nos quita esa arrogancia de inmortalidad de los años mozos, disminuye el efecto espeluznante de ser adulto y estamos a gusto con el silbido del tiempo que pretende trasnocharnos, mientras la vida es un continuo de experiencia y ese es el sentido de estar presentes.(O).

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