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Iré a dar las utopías al río

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Saliendo de este espacio epocal,  como una expresión muy mía, quiero  decir que iré a dejar las penas en el río, allá la piedra azul es más comprensiva que la humanidad actual, aquella que ha des-construido, como otras discursividades sociales, la imagen femenina, y no solo eso, ha llegado a gestarla como frágil, loca, culpable, atendiendo por el lado derecho el límite de la llamada igualdad y por la izquierda, tratando de invisibilizar a la mujer sabia, a la mujer trabajadora, o a aquella que apela con su simbolismo, lenguaje y visión del mundo al valor femenino, como el más poderoso atributo capaz de transformar el mundo.

Quizá sea yo misma, a la que han invisibilizado, porque digo lo que otros callan, quizá me ubico fuera de lo tolerable y mi trama simbólica amenaza el conservadurismo, sin embargo, queda la opción de ir al río, que trae agua nueva, que todo lo limpia, lo renueva.

Tal vez, la figura de mujer domesticable mujer-madre, mujer-mujer, nos ha cautivado y se ha culturizado, sin embargo, estas subjetividades se configuran en un contexto social que ha pasado por la orilla del río pero que no se queda; hoy la mujer dócil, la mujer suave, de carácter asustadizo, tono menor, escasea. El batán o la piedra ha quedado vacío, ya nadie va a dejar sus dolores en el río, la mujer después de sus ardores juveniles, ya no piensa más en el culto de la maternidad y la domesticidad, menos en el recogimiento hogareño y la piedad religiosa; ya hay preminencia por lo profesional y quizá “algo” que se escapa y no encaja en lo esperado, esto es, que la mujer está ávida de sabiduría; aunque sea un exabrupto para una sociedad igualitaria pero poco equitativa.

La figura femenina ha soportado las tensiones masculinistas, que la obstruyen, borran y tachan con tal naturalidad como se deshecha lo inservible, por ello, estas subjetividades tienen visión impugnadora, y aunque, mis brazos no alcancen a rodear el mundo, mis ideas son extensiones imaginarias para enlazar lo justo, abrazar lo equitativo y lo humano; mientras tanto, iré a entregar al río: penas, dolores, utopías; porque el agua se lleva todo y deja transparencia.

Y mi cabeza pensará por todas, mis manos harán la misión de todas, mi alma mirará en sus ojos, vuestros ojos y el río atravesará el mundo llevando la buena nueva. Así el principio de unidad será presente y esta revolución, naturalizará la imagen sabia, sin amenazar ni discriminar, solamente por el sentido de ser y ahondar en la singularidad polisémica de esta presencia. Mujer ya no eres más domesticable, ni objeto útil o inútil, porque ahora somos consciencia.  Iré a dar las utopías al río y de estas nacerán soles y estrellas.(O).

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