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La política como modus vivendi

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Cuando el fervor político está bordeando a su clímax;  cuando el afán político partidista se enfatiza con caracteres de sublimidad, mediante el discurso elocuente y el ofrecimiento desbordado, con patético deseo de triunfo, acudiendo a cualquier método y forma de expresión y comunicación televisiva, periodística, radio auditiva y mural,  con la finalidad de fraguar los objetivos de los candidatos de los diferentes partidos políticos y organizaciones sociales, para solidificar el triunfo de sus postulados programáticos y de acción política.

A veces se enfatiza con aplomo de credibilidad y en otras con un lirismo emotivo las ofertas vanas en los diferentes parámetros de: urbanismo, producción, saneamiento, agricultura, servicios básicos, redes viales, comercialización etc. etc.; a veces se condena con tono de reproche la actuación de las autoridades que precedieron en la administración pública, y en  otras se emplea un derroche de ofertas de posible ejecución unas, y otras de difícil e imposible factibilidad; se evoca la añoranza a la patria y al terruño, acudiendo a nuestros ancestros y nuestras raíces y de sus legados patrióticos de nuestra raza; se enfatiza el amor fraterno a nuestros semejantes, y se profundizan en la carencia de las más elocuentes necesidades; se sobredimensionan los aspectos materiales y personales, y hasta se mencionan las traiciones, engaños y deslealtades de una proliferación desmedida de candidatos aspirantes a las dignidades.

Toda esta forma sui-géneris de hacer política, con patrones de conducta caducos, obsoletos y repetitivos, han creado un ambiente de incredibilidad y de incertidumbre en los electores, por la falsedad de los argumentos que proponen.

En las elocuciones de los candidatos, muy poco o nada se escucha la necesidad imperiosa de modernizar la educación, como el medio más urgente para preparar a los precursores de la ciencia, de la innovación y la tecnología en los ámbitos sociales, políticos y económicos, para enfrentar y cordializar con la evolución y los desafíos que entrañan el siglo XXI; que es el de la innovación y la tecnología, acorde a las exigencias de una nueva era, de la información como una fuente de poder, de la impresora 3D, y el Big Date que son el oro del siglo; con los materiales autosaneables y los multimateriales que  se reparan por sí mismo; de los drones, los robots y de la inteligencia artificial; no se mencionan el fomento a la cultura, la música y el arte, como sustento intelectual y espiritual de nuestro pueblo, para ratificar el criterio de que somos la cuna de estas facultades, y de nuestras fortalezas.

Tampoco se menciona la impostergable necesidad de culturizarnos, en el respeto e irrestricto imperativo de cuidar con vehemencia la biodiversidad, el ecosistema, y el entorno de los elementos de la naturaleza y sus rígidas leyes cósmicas, para evitar los catastróficos fenómenos naturales que ya nos están azotando, como producto de nuestro comportamiento demencial de irrespeto, abuso y desdén a la naturaleza y sus elementos vitales: aire, agua y tierra, a los que los hemos contaminado hasta la saciedad.(O).

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