20 / 11 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Yo me llamo Negrita Blanco

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Mi nombre es Negrita y no es por antonomasia, aunque la antonomasia se hizo carne en mí, me bautizaron así, como negra, mujer, doméstica, objeto de uso, aunque la sociedad dice de igualdad, yo soy juzgada, criticada, culpada y aun Negrita soy el blanco de toda mala intención, a mí me castigan por pensar, tener sueños, intentar ser feliz.

Si soy tranquila, que porque es tan lenta; si soy alborotada, que es loca. Si tengo novio, es tan ligera, si no, que raro  tal vez hay algo más complicado. Si tengo marido eventual, que es mala mujer, si no lo tengo, nadie se hace cargo. Que si quiero estudiar, está muy joven, muy despeinada, muy pobre, muy de todo. Que si quiero cantar, ni lo sueñe y así; cualquier cosa está prohibido para mí y no es por ser Negrita, tampoco por ser Blanco, no es género, sino, por el hecho de que hay demasiados machos.

En estos días, hay mujeres tratando de hacer política, dicen: ¡Qué ella, no, que vaya a cocinar! Qué quiere ser escritora: “no, que se ponga a trabajar”. Que es valiente para decir las cosas: “Ah, hay que callarla, humillarla, ponerla en su lugar”. Que es inteligente: “Ah, que haga labores manuales, para eso sirve”. Y cuando ellas reclaman, dicen: “Se dan de feministas: que ni digan nada, después están llorando”.

Y con toda mi negritud, me he puesto a reflexionar, que este fenómeno social lacerante, es una rabia que nos persigue a ciertas mujeres, porque no es con todas, es con las que consideran rivales, a las que les tienen envidia y una sed de dominación y apropiación, quieren controlarlas, impedir su felicidad. Dominio que es como droga, que impulsa la agresión; y solamente así, se sienten complacidos. 

Por eso, no importa si soy negra, si soy mujer, si soy de apellido Blanco, se trata de la sintomatología del macho, al principio, parece algo normal en su carácter, pero, luego viene ese resentimiento, esa patología, con la que se sienten disminuidos, amenazados, ignorados; en una relación de poder: marido-mujer, jefe-empleada, profesor-alumna, etcétera, aprovechan tal circunstancia para la crueldad; sino, buscan a otros machos que les secunden, e inclusive usan a mujeres poco sensibles al dolor femenino y así traman una red para castigar a quien ha osado atentar contra su machismo.

Me llamo Negrita Blanco, a mí me han dicho: “Mija, ven compláceme”, “Calladita eres más bonita”, “A mí me vas a atender”, “Voz, anda reza”, “Te quedas en la casa y no hay amiguitas”. “No hay para que tengas celular, eso no es para ti”. “Ah, cállate, es que mucho hablas y vengo cansado”, “Hoy no hay novela, hay fútbol”.  Y aunque lo digan en tono amoroso, son manifestaciones machistas, contra mujeres no feministas que quedan en la impunidad.(O).

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