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El turismo, prodigioso mago multiplicador

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El turismo ancestral costumbre, que por los placenteros resultados que brinda a sus asiduos seguidores contagia y hechiza a los humanos de las cuatro latitudes, convirtiéndose en la actualidad en un arte profesionalizado y que involucra a millones de personas del nuevo y viejo continente; puntualizándose que para muchos países constituye un potencial y rubro económico que les brinda las mayores divisas y además, genera múltiples plazas de trabajo en los más variados parámetros y actividades; mágica alternativa constituida en política gubernamental integrante de los presupuestos estatales.

El turismo no ha permanecido inerte y repetitivo en sus modalidades, cada día se innova y perfeccionan nuevas características y prácticas, el turista viaja a las grandes capitales a observar sus majestuosas catedrales y hoteles de hasta diez estrellas, sus magistrales casinos y enigmáticas playas o a contemplar los fríos rascacielos monumentos al hierro y al concreto, y a admirar las siete maravillas del mundo actual. Más hoy por hoy hablamos de un turismo ecológico, la naturaleza y sus encantos; de un turismo de salud, las bondades de una medicina científica; de un turismo histórico, de las ruinas ancestrales; y de un turismo cultural, música, folklor y cultura.

Loja ciudad culta, galardonada por su ecología y urbanismo, por su cultura y música es digna de ser visitada en forma preferencial. Vilcabamba, el Corazón de la humanidad y su apacible signo de longevidad; el bosque petrificados de Puyango, El Parque Nacional Podocarpus, paraíso de flora y fauna; Saraguro, reliquia de costumbres y respeto a la diversidad de culturas; la Basílica del Cisne, símbolo de la religiosidad y pararrayo de nuestra provincia, etc. Y, en fin una provincia dotada de lugares paradisiacos y de encantos desconocidos e inéditos a los ojos del turista nacional e internacional.

Naturalmente que para efectivizar el objetivo propuesto con éxito, debemos involucrar definidamente con entereza y planificación el entrono que cuantifica y califica nuestro potencial, ello es, una exquisita cultura para un comportamiento satisfactorio de trato y convivencia con los turistas; una adecuada infraestructura hotelera y recreacional una seguridad personal infalible que garantice al visitante; una gastronomía, variedad selecta y con costos razonables y en fin una serie de principios de orden cultural, social, moral y económico propias del arte y ciencia del turismo, aplicadas con cautela y rectitud ponderada, con cortesía y noble hospitalidad.(O).

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