15 / 09 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Realidades ambivalentes y discordantes

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A pesar del discurso genérico hegemónico en Ecuador, que afirma que la vida está asegurada, hay realidades que ciertamente son ambivalentes, pero, a la vez discordantes con la esperanza, en una nación donde la Carta Magna es garantista de derechos, aunque tal garantía queda lejana al existir de la gente.  

La problemática es el empleo: los que lo tienen, están presos del mismo, bajo reglas, políticas, voluntades ajenas y no son libres, los que no, están expuestos a la necesidad, (ambivalencia buena y mala). Los lineamientos valóricos y éticos son condenados a la hora de analizar es tema, ¿qué tan beneficioso es atravesar así la vida?  Sin embargo, la condición ideal es tener empleo para financiar la subsistencia; ambivalencia y discordancia.

Hay adultos mayores que trabajaron treinta y más años en la empresa privada o pública y que aun con los derechos constitucionales no logran jubilarse, porque las políticas de la institución no lo permiten, entonces ¿de qué vale la ley? si se pusieron en juego condiciones discordantes que tensionan todo, que resignifican la realidad de estas personas. ¿Beneficio y maleficio?

Hay gente que pide a gritos irse, hay otros que claman seguir, todos con sus razones, si por una parte, los adultos mayores deben acogerse a la jubilación, por otra,  hay quienes no la desean, por diversas circunstancias, a veces, sostienen el hogar propio y el de los hijos desempleados y tantas otras; quedando imposibilitados de retirarse por la pensión jubilar baja. Realidades ambivalentes y discordantes que contradicen lo admisible entre la ley y la vivencia.

Actualmente, se discute la propuesta del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (misionado a asegurar el bienestar de la gente), que plantea aumento del número de aportaciones y edad para jubilar a los afiliados, como vía para salvar la institución; una ambivalencia insolente y discordante con el discurso hegemónico, que pregona la intención de mejorar la vida de nuestros “viejitos”. Un plan ambivalente sí, pero, fulminante para los adultos mayores.  Si en las condiciones actuales, hay quienes consiguen jubilación, pero no el cobro del incentivo, menos el goce de su tiempo, por la esperanza de vida cada vez más reducida, ¿qué pasaría si se ejecuta la propuesta?

Cierro este análisis con el caso de Juana, labora en institución pública y es adulta mayor, ha logrado condiciones para retirarse, pero no ejercer su derecho, (realidad ambivalente), hace días sufrió un infarto cerebral que la dejó paralizada; ella, desde su condición grave, nos muestra la realidad y dice cuan discordante son sus circunstancias con el imaginario de lo legal y la seguridad social.(O). 

 

 

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