28 / 01 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Procusto y el odio

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Procusto también conocido como Damastes, es un personaje de la mitología griega, la representación más auténtica de la envidia y el odio.  Este personaje en su delirio de superioridad, pensaba que nadie podía superarle, por eso ningún otro ser en la tierra podía pensar diferente, sobresalir, ser hábil con algún talento o inteligencia.

Por esto, Procusto creó una cama, en la cual sometía engañosamente a los que desafiaban su superioridad, allí, en ese desquiciado sitio de la mente, que nunca fue a medida de la víctima, corta aun las extremidades que sobresalen, pues, la cama es reajustable a la medida de su egoísmo proyectado; siendo de esa forma, aun cuando la grandeza del que es medido en ese camastro es suficiente, entonces, la cama se alarga para a base de estiramientos, diseccionar sus extremidades.  Así la envidia es actualizante, generando el odio que termina en delito y que le echó a perder la historia y el invento del citado hijo del dios Poseidón; mas, quién niega que él tiene mayor poder que el psicoanalista, el legislador, el abogado, el juez; y su método se ha generalizado.

Sé bien, que habrá quienes protesten acerca de mi afirmación, sobre todo los que hacen el amor y los entendidos en Derecho, dirán: pero, en Ecuador los delitos de odio están penados y ciertamente, la legislación contempla los delitos de odio como medida para erradicar la discriminación por raza, sexo, edad, ideología, capacidad y otros aspectos; a pesar de que estos delitos son castigados con la más severa pena (privación de libertad), esto, no ha obstado, para que esta análoga práctica del método de Damastes siga su marcha.

Inclusive juristas opinan que los delitos de odio no deben ser penales, ya que un sentimiento como el odio no es suficiente para juzgar penalmente, dado que el bien protegido en este caso es la “igualdad”, y al ponderar, no podría pesar más la “igualdad” frente al derecho de “libertad” del que comete el agravio, no obstante, por odio se hacen atrocidades y si la ponderación resulta desequilibrada en favor del odiador, también hay que pensar que la ley está para regular las relaciones sociales y siendo así, hay que proteger la dignidad humana en su ”esencia del ser”, por lo que es propio que exista ley penal para tales infracciones.

Dicen otros juristas, que los delitos de odio son difíciles de comprobar y con esto solapamos que se siga delinquiendo, cabe después preguntar: ¿Qué pasó entre el amor y nosotros si permitimos que el “síndrome de Procusto” aparezca?  Son tantas las oficinas públicas y privadas donde servidores de los dos tipos usan análogamente el mito griego; lo afirmo, por el caso de mi Padre, a quién por discriminación de edad e ideología, se le ha hecho horrores en su trabajo y en el trámite para el ejercicio de su jubilación. Ventajosamente hay ley.(O).    

 

   

 

   

 

 

 

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