19 / 11 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Nadie lo supo, nadie lo sabe, “nadie lo sabrá”

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Desde que el actual gobierno tomó la decisión de abrir la “caja de pandora” para dar paso a los procesos de investigación de los “presuntos actos de corrupción” del gobierno anterior, comenzó el desfile interminable de “hallazgos”, que acaparan la atención de periodistas, noticieros, lectores, oyentes y televidentes, a tal punto que, a estas alturas, estamos saturados de tanta pillería y vamos perdiendo nuestra capacidad de asombro frente a los escándalos de corrupción, a riesgo de que nos parezcan “normales”. Cuando abrimos el periódico, sintonizamos la radio o la televisión, es para enterarnos de más y más fechorías cometidas por ciertos funcionarios que estuvieron ocupando puestos de alto rango en la administración pública. Mientras la Fiscalía General del Estado hace todos los esfuerzos por investigar los casos de corrupción que han sido descubiertos, le caen nuevos casos más graves y su personal no da abasto para atender tanto trámite que se va acumulando.

Si la corrupción nos resulta repugnante e indignante, porque hipoteca el presente y futuro del país, mucho más repudiable es la actitud de quienes, sabiéndose contumaces corruptos, aparecen como “angelitos impolutos”, proclamando su inocencia, diciendo “que no tienen nada que ocultar” y “que no se les puede probar nada”. Poco falta, para que exijan a la justicia que les pida “disculpas públicas” por ofender su honor y dignidad, al investigarlos. Menos mal que se les olvidó esconder la información de sus computadoras, celulares y apuntes que los delatan, porque, de lo contrario, no podíamos probarles el festín que se dieron con nuestro dinero. Según ellos, todo es falso porque han administrado el país con admirable pulcritud. Ahora resulta que el dinero del pueblo, arrebatado vilmente de las arcas del Estado, “nadie lo ha entregado”, “nadie lo ha recibido” y “no se sabe a dónde ha ido a parar”. Ahora resulta que, cuando estaban en el gobierno, nadie supo que había sobreprecios, chantajes para otorgar contratos, cruce de facturas para enriquecerse sin trabajar y para financiar esa tediosa parafernalia politiquera que protagonizaron. Sin embargo, a pesar de su inocente santidad, “huyen del país”. Según ellos, nadie lo supo, nadie lo sabe y creyeron que nadie lo sabrá. Que esta dura lección nos haga reflexionar para las próximas elecciones.(O).                    

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