17 / 09 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Por una mejor atención al jubilado: Reflexiones

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Quienes hemos culminado con una etapa importante de nuestra vida, después de muchos años de trabajo puestos al servicio del Estado, el jubilarse produce un cambio radical en nuestro comportamiento, que vale la pena analizarlo:

Concomitantemente con la jubilación, también viene la vejez; dos etapas de la existencia a las que se les debe dar mucha importancia. Entender estos dos aspectos singulares a los que nadie nos ha preparado y cuáles son los cambios de orden sico biológicosocial que sufren las personas que tienen que afrontar estos dos problemas, es una verdadera incógnita. Personalmente creo que, es obligación primordial del Estado, el proteger a quienes llegan a la vejez y también a los que han tenido la oportunidad de jubilarse.

Es verdad que el Estado se ha preocupado por promulgar leyes de protección para los viejos o los de la tercera edad, y para los que llegan a la jubilación; pero, desgraciadamente, por las experiencias vividas, son normas  escritas, que en nada o muy poco ayudan a solventar los problemas de orden económico, y sobre todo, de una salud integral; ya que, una  persona de edad, es muy vulnerable a las enfermedades y por otra parte, víctima de un sinnúmero de circunstancias personales, familiares y sociales, por la complejidad que tiene la vida, en todos sus aspectos.

Quienes han tenido la oportunidad de jubilarse, son protegidos por la seguridad social y el IESS les concede este derecho, cuando han cumplido los 60 años de edad, con las debidas aportaciones que la ley las determina. Me pregunto. ¿Y las personas que no han tenido el derecho a la jubilación, mismas que constituyen un elevado porcentaje, quién las protege? ¿El Estado estará cumpliendo con esa obligación garantizada en la Constitución de la República y en las normas legales?

Otra realidad, un jubilado es un viejo que prácticamente está marginado por parte del Estado, de la sociedad y muchas de las veces, hasta de su propia familia, mismos que no aprecian ni aprovechan de su sabiduría ni de sus valiosos años de experiencia; significativos aspectos, que pueden contribuir en mucho, al desarrollo socioeconómico del país.

Ejemplos de ancianos de altos quilates que han servido y que sirven relevantemente a la Patria, abundan. Tomemos como ejemplo el último, el del Dr. Julio César Trujillo, cuya vida puesta al servicio del país, fue muy reconocida por el pueblo ecuatoriano y por el mismo Estado; pero, asimismo, hay ilustres viejos, que permanecen en el ostracismo y en la miseria.

Quiero hacer un paréntesis para recordar, que el 18 de julio, se celebró “El Día del Jubilado”. Por lo que, desde esta columna, vaya mi ferviente saludo a toda la clase jubilada de Loja y del país, y también nuestro formal compromiso, de seguir luchando hasta que el Estado y quienes lo gobiernan, hagan conciencia de garantizarnos una vida más digna y justa.(O).

 

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