19 / 01 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Si un barquito de papel…

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Como dice Favio: “Si un barquito de papel/ esta por naufragar, socórrelo/ corrígele el timón, mi amor/ tal vez sea yo, quizás soy yo/ recordaras, así era yo”. Apelando ese amor que aún existe, luego que la ternura se quedó aferrada a la piel del otro, estoy a tiempo de explicar que el barquito vive tempestades ajenas, conspiración de ángeles y demonios.

¿Si el barquito de papel está por naufragar, lo socorrería? Claro, no es misión para antihumanos, ni para los echados a perder en siglos de culpa, menos, para recrear placer en el sufrimiento ajeno. Si el barquito a la vista es frágil, si está indefenso, si ostenta clandestina inocencia, cualquier humano con reserva de bondad y sentido justo, buscaría lo posible hasta lo imposible para salvarlo.

Tal vez ese barquito que se debate en la tormenta, espera una mano poderosa que lo saque, que lo defienda y lo resguarde. Tal vez, la mano y el barco son lo mismo, y cada uno vive su turno, como luna y sol, actuando en distinto y exacto tiempo.

Quizá el barquito más que papel es piel, es carne, es vida y polvo de mis huesos y tus huesos, elementos constitutivos que antes de estar en nosotros, posaban en una insolente y amorosa estatua, que tapada los ojos, sabiamente pesaba, aciertos y desaciertos de ambos.   

Pero, siglos después de haber comenzado el ejercicio de tocar con los dedos ese poder magnánimo de lo que es el amor, nos hemos perdido, quedando así sin pruebas, de que existió algún día. Solo queda el recuerdo, lo que yo digo, lo que dice el barquito, la canción  y lo triste de una historia de naufragio.

Por todo eso que destila un clamor humano, porque el barquito de papel es “inocente”, porque siempre el bien se diferencia del mal, porque luz y sombra no son lo mismo y sin embargo, es unidad; esto es un impulso colectivo y la esperanza por rescatarlo.

Si está en tus manos, así como un día hiciste y deshiciste el barquito de papel, así como lo navegaste y lo dirigiste, sin olvidar esos actos humanos; ahora, a costa de la angosta razón, en ancha sabiduría, arreglando o desarreglando reglas, toma el timón,  no permitas que naufrague.

Porque el barquito es el amor que está en tu corazón como en el de muchos coterráneos y todos esos otros-nosotros. Porque hay actos que se escriben en la arena y se borran como niebla, pero, hay (también), firmes en la piedra que más que recuerdo son historia.  Y dice Favio: ¿Y vos, que vas a hacer? Yo me quedaré, es otra forma de partir, ¿no?

Me quedaré en el amor, esquivando el desquite, dando así final al naufragio para pensar más allá de lo individual en vos y ser realmente dignos seres humanos. Si ves un barquito en el mundo frío, protégelo, rescátalo, contágiale el amor, tal vez sea yo, quizás soy yo, recordaras, así era yo.(O).

 

 

 

 

Modificado por última vez en Diciembre 09 2019

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